Para autores

¿Cómo se consigue un agente literario?

No hay atajo ni contacto secreto. Hay un proceso, es lento, y la mayor parte del trabajo ocurre antes de enviar el primer correo.

Un agente literario representa al autor ante las editoriales: mueve el manuscrito, negocia el contrato, vigila los derechos que quedan fuera del acuerdo —traducción, audiovisual, audio— y se ocupa de que las liquidaciones lleguen y cuadren. No corrige tu novela ni te la reescribe. Lo que hace es venderla, y por eso solo coge lo que cree que puede vender.

Lo primero, que no es escribir un correo

Un agente recibe muchos más manuscritos de los que puede representar. Con esas proporciones, la primera versión de una novela casi nunca basta. Enviar antes de tiempo no adelanta nada: gasta el intento.

La pregunta que conviene resolver antes es si la novela está realmente terminada, y esa es difícil de contestar uno mismo. Lo habitual es que el autor sepa que algo no funciona pero no sepa qué. Ahí ayuda una lectura profesional previa, que es exactamente el trabajo de decir dónde está el problema y en qué orden se arregla.

Qué se envía

Lo habitual en el mercado en español son tres piezas:

La carta de presentación. Una página, no más. Qué es la novela, en dos o tres frases que se entiendan sin haberla leído. Con qué libros publicados dialoga. Quién eres, en lo que sea pertinente. Y por qué le escribes precisamente a esa agencia.

La sinopsis. No es el texto de contraportada: no hay que crear intriga, hay que contar la historia entera, final incluido. El agente necesita saber cómo termina para juzgar si la estructura se sostiene.

Las primeras páginas. Cada agencia dice cuántas quiere y en qué formato. Se envía exactamente lo que pide, sin redondear al alza.

Cada agencia publica sus condiciones de envío en su propia web y las cambia cuando quiere. No te fíes de una lista de requisitos copiada en otro sitio —esta página incluida—: ve a la web de la agencia el día que vayas a enviar y lee lo que pide hoy.

A quién escribir

Enviar a todas las agencias a la vez es la forma más rápida de que no te lea ninguna. La selección se hace al revés: se parte de los libros.

Coge cinco o seis novelas publicadas en los últimos años que se parezcan a la tuya —en género, en tono, en ambición, no en calidad soñada— y averigua quién representa a sus autores. Los agradecimientos del libro a veces nombran al agente; si no, lo dice la web del autor o la de la propia agencia, que casi siempre publica su catálogo de representados.

Ese es tu listado, y es corto: entre cinco y diez nombres, con un motivo concreto para cada uno. Ese motivo es lo que va en la primera línea de la carta.

Los tiempos y el silencio

La respuesta tarda semanas o meses. Muchas agencias avisan de que, si no contestan en un plazo, la respuesta es no; otras no contestan y ya está. No es descortesía personal, es aritmética.

Mientras esperas, no reenvíes ni insistas a los quince días. Envía por tandas pequeñas —cuatro o cinco— y deja margen: si las cuatro primeras dicen que no sin pedir el manuscrito completo, el problema está casi siempre en la carta o en las primeras páginas, y conviene arreglarlo antes de quemar la lista entera.

Una señal de alarma

La práctica habitual es que un agente cobre un porcentaje de lo que consigue vender. Si alguien que se presenta como agente pide dinero por adelantado para leerte, para representarte o para «tramitar» tu manuscrito, eso no es una agencia literaria funcionando como tal, aunque se llame así.

Un servicio de lectura de pago es otra cosa distinta y perfectamente legítima —es lo que hacemos aquí—, pero no se vende como representación ni promete que ninguna editorial te vaya a publicar. Si las dos cosas aparecen mezcladas en la misma oferta, desconfía.

Y si no aparece ninguno

Hay editoriales que aceptan envíos directos sin agente, y esa vía existe y funciona; cómo se hace está en cómo enviar un manuscrito a una editorial. También es posible que la respuesta no sea buscar otra puerta sino volver al texto.

Si quieres saber en cuál de los dos casos estás, eso es lo que responde un informe de lectura: si la novela está lista para enviarse hoy o qué hay que arreglar antes.

Los dos esquemas completos, en PDF

Los veintidós apartados del informe de lectura de Septimus y los diecinueve de su informe de editing, que es el que dice, capítulo a capítulo, qué hay que cambiar en el manuscrito, cómo y en qué orden. Cada esquema explica qué se analiza en cada apartado y cómo se trabaja. Son dos PDF, uno por informe.

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