Para autores

¿Está mi novela lista para enviarla a una editorial?

Siete comprobaciones que puedes hacer hoy tú mismo, varias con el buscador de tu procesador de textos, y tres señales de que todavía no.

La pregunta llega siempre en el mismo momento: has terminado la última revisión, no se te ocurre qué más tocar, y no sabes si eso significa que está lista o que te has quedado sin perspectiva.

Casi siempre es lo segundo. Después de dos años con el mismo texto, ya no lo lees: lo recuerdas. Y ahí es donde conviene tener una lista de comprobaciones que no dependa de tu criterio, porque tu criterio sobre este manuscrito lleva meses agotado.

Siete comprobaciones que puedes hacer tú

Uno. La proporción de las partes. Cuenta las palabras de cada parte de tu novela: el planteamiento, el nudo y el desenlace. Si el desenlace —donde se resuelve todo aquello que has estado construyendo— ocupa un diez por ciento del libro y el planteamiento un cuarenta, tienes un problema estructural, no de estilo. El lector va a sentir que la historia se interrumpe en vez de terminar.

Dos. El antagonista, o lo que haga sus veces. Sea una persona, una circunstancia o el propio miedo del protagonista, tiene que tener su propia lógica. Si lo que se opone a tu protagonista existe solo cuando la trama lo necesita, se nota.

Tres. Busca tus muletillas con el buscador. Abre el archivo y cuenta cuántas veces aparece «de pronto», «entonces», «de repente», «no pudo evitar», «sintió que». Los números asustan. Un manuscrito de ochenta mil palabras con cincuenta «de pronto» tiene un problema de transiciones que ninguna corrección arregla, porque es estructural: cada «de pronto» tapa un paso entre escenas mal resuelto.

Cuatro. Los verbos de interioridad. Cuenta «pensó», «sintió», «se dio cuenta de que», «sabía que». Cada uno es un sitio donde has contado en vez de mostrar. No hay que eliminarlos todos, pero si suman varios cientos, tu novela le está explicando al lector lo que debería estar haciéndole sentir.

Cinco. Los principios de capítulo. Léelos seguidos, solo la primera frase de cada uno. Si tres o cuatro empiezan con el protagonista despertándose, desayunando o vistiéndose, tienes un patrón que hace que cada capítulo arranque desde cero en vez de aprovechar la tensión del anterior.

Seis. La última frase. Léela sola, fuera de contexto. ¿Cierra algo? ¿Abre algo? ¿O simplemente es donde dejaste de escribir? La última frase es lo que el lector se lleva a la cama.

Siete. Cuéntale la novela a alguien en dos minutos. En voz alta, sin notas. Si necesitas explicar el contexto antes de llegar al conflicto, o si al terminar la otra persona pregunta «¿y de qué va?», el problema no es cómo lo cuentas: es que la novela todavía no sabe de qué va.

Las tres señales de que no está lista

No sabes decir para quién es. No «para todo el mundo». Un lector concreto, con un género, una edad y unas expectativas. Si no sabes contestar eso, un editor tampoco va a saberlo, y el editor no tiene dos años para averiguarlo.

Tu escena favorita no es necesaria. Todos tenemos una: la que nos costó más, la que mejor nos salió, la que defendemos. Pregúntate qué pasa en la novela si la quitas. Si la respuesta es «nada», ya sabes.

Estás corrigiendo comas. Si en la última revisión lo único que has tocado son comas y sinónimos, no estás revisando: estás dando vueltas. Es la señal más fiable de que has llegado al límite de lo que puedes ver tú solo.

Lo que no significa «lista»

Que esté terminada no significa que esté lista. Y que esté lista no significa que la vayan a publicar: significa que puedes enviarla sin quemar la oportunidad. Una editorial lee las primeras páginas de tu manuscrito una vez. Si llega en un estado mejorable, no te dicen «vuelve cuando lo arregles»: te dicen que no, y la próxima vez que vean tu nombre partirán de ahí.

Por eso conviene saber en qué estado está antes de enviarlo, y no después.

Cuándo hace falta alguien de fuera

Las siete comprobaciones de arriba las puedes hacer esta tarde y te van a decir bastante. Lo que no te van a decir es si la novela funciona como novela: si convence cómo cambia el protagonista, si la voz se sostiene de principio a fin, si el final está preparado por lo que ocurre antes o simplemente llega.

Eso solo lo ve alguien que lea el libro entero por primera vez y sepa lo que está mirando. Un lector de tu entorno te dirá si le ha gustado, y eso no sirve: te quiere bien. Un lector profesional te dice dónde se cae, con el pasaje delante.

Preguntas frecuentes

¿Qué incluye un informe de lectura?
Ficha, resumen de la trama y subtramas; valoración literaria y comercial, puntuada en seis criterios literarios y seis comerciales; coherencia y verosimilitud; comparables de mercado; sello y colección recomendados; y una recomendación editorial explícita sobre si está listo para enviarse. La extensión del informe depende del manuscrito.
¿Cómo me acerca el informe a la publicación?
Te dice con claridad qué funciona en tu obra, qué mejorar y en qué sellos y colecciones puede encajar el libro, para que llegues a la editorial con el manuscrito preparado.
¿Cuánto cuesta cada servicio?
Informe de lectura desde ~140 €; diagnóstico exprés ~50 €. Sobre el precio del informe de lectura se suman, si los eliges: informe de editing +120 €, dosier ampliado +180 €, posicionamiento editorial internacional +110 € y dosier de presentación +80 €. El informe de editing, si se encarga solo, cuesta lo mismo que el informe de lectura. Tarifas completas por extensión del manuscrito en Precios.
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