Para autores
¿Qué contiene un informe de lectura, apartado por apartado?
Dieciocho apartados. Qué hace cada uno, por qué está ahí y cuáles conviene exigir antes de pagar.
Pides presupuesto para un informe de lectura y te contestan con un precio y una frase: «valoración completa de tu manuscrito». Y tú no tienes forma de saber qué te van a entregar hasta que lo tengas delante.
Esto es lo que contiene un informe completo, apartado por apartado, y para qué sirve cada uno. No es la única manera de organizarlo, pero sí es la que permite comparar presupuestos: pregunta cuáles de estos apartados incluye el que te ofrecen.
Lo que establece los hechos
Ficha técnica. Título, autoría, género, extensión, idioma y temática. Parece trámite y no lo es: fija el género con el que se va a juzgar la obra, y una novela no se mide igual si es literaria que si es comercial.
Resumen de la trama. La historia entera, final incluido. Su función no es informar al autor, que ya sabe de qué va: es la prueba de que el libro se ha leído hasta la última página. Si el resumen se vuelve vago a partir de la mitad, ya sabes lo que ha pasado.
Las subtramas. Cada línea secundaria por separado: qué función cumple, en qué capítulo entra y si se cierra. Es el apartado donde aparecen los hilos que el autor creía cerrados y no lo están.
Lo que emite un juicio
Valoración global. El veredicto en dos párrafos: qué funciona y cuál es el problema principal. Si un informe no es capaz de decir cuál es el problema, es que no ha llegado al fondo.
Público cautivo y potencial. Quién va a leer este libro y por qué motivo concreto. No «lectores de novela histórica», sino qué tipo de lector, qué espera encontrar y qué le va a dar esta novela que no le den las otras.
Puesta en valor. Qué tiene esta obra que no tienen las demás, formulado como lo formularía quien tenga que defenderla en un comité editorial. Es el apartado que un autor puede reutilizar literalmente en su carta de presentación.
Valoración literaria. Voz, estilo, diálogos, personajes, arquitectura y densidad de la prosa, con pasajes concretos del texto. Aquí es donde se ve si quien ha leído sabe leer: un juicio literario sin citas es una opinión.
Valoración comercial. El encaje con el mercado real, y qué factores amplían o limitan las ventas. Incluye lo incómodo: si el autor no tiene presencia digital y el género la exige, eso pesa y hay que decirlo.
Coherencia y verosimilitud. Si la novela se sostiene por dentro: cronología, motivaciones que aguanten, mundo consistente, documentación que resista la comprobación. En obras de ambientación histórica, esto significa contrastar fechas y hechos contra fuentes externas.
Lo que se puede medir
Puntuación literaria y comercial. Diez subcriterios en cada eje, puntuados del uno al diez, con la nota global después del argumento y nunca antes. La utilidad no está en la nota: está en ver que la voz narradora saca un nueve y el protagonista masculino un tres. Ahí tienes el trabajo del próximo mes.
Páginas importantes. Las escenas que un editor debería leer primero, con su localización exacta y el motivo. Es el apartado más práctico de todo el informe: si un día tienes treinta segundos de atención de un editor, sabes qué enseñarle.
Dificultad de traducción. Qué obstáculos plantearía una venta internacional: registro, juegos de lenguaje, referencias culturales, vocabulario técnico.
Lo que señala el trabajo pendiente
Puntos fuertes y áreas de mejora. Lo que hay que proteger en cualquier revisión —porque en una reescritura se pierden cosas buenas— y lo que hay que trabajar, localizado capítulo a capítulo.
Sobre el autor y comparables. Qué revela el texto sobre quien lo ha escrito, y con qué títulos publicados dialoga tu novela: no «se parece a», sino en qué se parece y en qué se separa de cada uno.
Lo que mira hacia fuera
Editorial y colección. Sello y colección recomendados, con alternativas y el porqué de cada una. Con nombres concretos, no categorías.
Título, cubierta y promoción. Alternativas de título con su justificación, direcciones de cubierta a partir de los elementos visuales del propio texto, y estrategia de lanzamiento.
Y el cierre
Resumiendo. El libro en pocas palabras, lo que tiene que no tiene todo el mundo y lo que necesita para mejorar. Tres bloques breves para llevarse.
Puntuación final y recomendación editorial. La nota con la fórmula a la vista, la nota proyectada si se ejecutan las revisiones, y la respuesta explícita a la única pregunta que de verdad importa: ¿está listo para enviarse hoy a una editorial? Y si no lo está, qué hace falta exactamente para que lo esté.
Son dieciocho apartados y ocupan entre dieciocho y veinticinco páginas en una novela de extensión media. No todos los informes los llevan todos: por eso conviene preguntar antes de pagar.