Para autores
¿Cuántas páginas debe tener un informe de lectura?
No existe una norma del sector. Sí existe un suelo: por debajo de cierta extensión, un informe no puede sostener lo que dice que hace.
Es una pregunta rara de hacer en voz alta —suena a medir al peso— y sin embargo es la que separa dos productos que se venden con el mismo nombre. Un informe de lectura puede ser un folio y medio de impresiones generales o pueden ser veinte páginas que localizan el problema en el capítulo once. Los dos se anuncian igual.
El suelo: qué cabe en cada extensión
Dos o tres páginas dan para un juicio general y poco más: si ha gustado, si se lee bien, dos o tres cosas que chirrían. Es útil para saber por dónde va la cosa. No lo es para arreglar nada, porque no hay sitio para decir dónde.
Entre cinco y ocho páginas permiten ya una sinopsis, una valoración por apartados y una recomendación. Es el formato del informe interno clásico: el que un lector escribe para un editor que solo necesita decidir si sigue leyendo o no.
A partir de quince páginas entra lo que un autor necesita de verdad: las subtramas una a una, los personajes con lo que cada uno hace y si eso casa con lo que el libro ha contado de él, el funcionamiento del comienzo y del final, y los pasajes concretos donde algo se rompe. Eso ocupa sitio porque hay que citar el texto.
Hay servicios que publican informes de unas dos mil palabras (según la web de uno de ellos, consultada el 24 de septiembre de 2026), lo que viene a ser cinco o seis páginas. No es poco ni es mucho: es un formato distinto, y conviene saber cuál se está comprando.
Qué hace que un informe sea largo
No lo alarga la opinión, que ocupa una línea. Lo alargan cuatro cosas:
Citar. Decir «el ritmo decae en la segunda parte» son siete palabras. Decir en qué capítulo, con qué escena, y por qué la anterior ya había cumplido esa función, ocupa medio folio —y es lo único de las dos frases que se puede corregir—.
Separar los apartados. Trama, estructura, personajes, voz, diálogo, documentación, comienzo, final, mercado. Cada uno con su propio juicio. Nueve apartados a dos párrafos ya son varias páginas antes de entrar en las comparaciones.
Comparar. Situar el manuscrito frente a títulos publicados con los que compite exige nombrarlos y explicar en qué se parecen y en qué no.
Ordenar el trabajo. Una lista de problemas no vale de nada si no dice cuál se arregla primero y cuál se arregla solo cuando se haya arreglado el anterior.
Cuándo la extensión no significa nada
Un informe largo también puede estar vacío. Las señales son reconocibles: páginas de resumen del argumento que el autor ya se sabe; párrafos de teoría literaria general que valdrían para cualquier novela; elogios repetidos con distintas palabras. Si al quitar todo eso queda folio y medio, era un informe de folio y medio.
La prueba es sencilla: cuenta cuántas veces el informe menciona un capítulo, una escena o un pasaje concreto de tu manuscrito. Ese número dice más que el total de páginas.
Cómo comprobarlo antes de pagar
Pide por escrito, antes de contratar y sea con quien sea, el índice de apartados del informe y qué cubre cada uno. Si no existe o se resuelve con «valoración general», ya tienes la respuesta.
Y pide ver uno entero. Un informe de muestra completo —no un extracto de la primera página— es la única manera de saber qué se compra.
Qué entrega Septimus
El informe de lectura de Septimus tiene veintidós apartados. No se fija un número de páginas porque depende del manuscrito. Puedes ver qué contiene cada apartado antes de decidir. Y hay un informe de muestra completo publicado, de principio a fin, que enseña cuánto ocupa uno real, para que no tengas que fiarte de esta página.
Si lo que quieres es comparar lo que cobran unos y otros, eso está en otra página: cuánto cuesta un informe de lectura, con los precios que cada proveedor publica en su web.