Un cœur simple, de Gustave FlaubertLas guías de lectura de Septimus

Guía de lectura

Un cœur simple (Un alma de Dios)

Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: un patio adornado con guirnaldas durante una procesión; un sacerdote en el altar y, delante, la gente arrodillada.
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: un patio adornado con guirnaldas durante una procesión; un sacerdote en el altar y, delante, la gente arrodillada.

Ficha técnica

CampoDato
Título originalUn cœur simple
Otro título en españolUn corazón sencillo, en Tres cuentos (Eterna Cadencia, 2018, edición de Jorge Fondebrider)
Escritura1876; Flaubert lo terminó en agosto
PublicaciónAbril de 1877, primero por entregas en el diario Le Moniteur universel; en libro, el 24 de abril de 1877, en París, en la editorial Charpentier, como primero de los Trois contes
País e idiomaFrancia · francés
GéneroRelato realista
CorrienteRealismo
Extensión11.061 palabras, en cinco partes numeradas
Dónde y cuándoPont-l'Évêque, en Normandía, y sus alrededores: Trouville, Honfleur, las granjas de Toucques y de Geffosses. Medio siglo, desde 1809 hasta unos años después de 1853
Quién cuentaUn narrador en tercera persona que no se presenta y que casi siempre mira desde Félicité

Tema central: El amor sin recompensa de una criada. Flaubert lo cuenta sin sentimentalismo y sin burla: enseña a la vez los límites de Félicité y la verdad de lo que siente.

Personajes clave

PersonajeQuién es
Félicité · la criadaHuérfana, crecida a golpes en las granjas, entra muy joven al servicio de Mme Aubain y la sirve medio siglo por cien francos al año. No sabe leer.
Mme Aubain · el amaViuda desde 1809, con dos hijos pequeños y deudas; vive de las rentas de dos granjas. El narrador la presenta en el segundo párrafo: «que sin embargo no era una persona agradable» («qui cependant n'était pas une personne agréable»).
Paul · el hijoTiene siete años cuando llega Félicité. Prueba varios empleos y a los treinta y seis años encuentra el suyo en la oficina del registro.
Virginie · la hijaTiene cuatro años cuando llega Félicité. Es delicada; la mandan interna a las monjas de Honfleur y muere allí de una enfermedad de pecho.
Théodore · el primer amorMozo de una granja vecina. Promete a Félicité casarse con ella y se casa con una vieja rica, Mme Lehoussais, para librarse de la quinta.
Victor · el sobrinoHijo de la hermana de Félicité. Grumete y después marinero; muere de fiebre amarilla en La Habana.
Nastasie Barette · la hermanaCasada con un tal Leroux, vive en Trouville; Félicité la encuentra por casualidad en el puerto y les compra a ella y a los suyos una manta, camisas y un hornillo; el narrador comenta: «evidentemente la explotaban» («évidemment ils l'exploitaient»).
Bourais · el administradorAntiguo procurador, lleva las fincas de Mme Aubain y presume de latín. Se ríe de Félicité delante de un mapa; cuando muere se descubre que robaba a su clienta.
Loulou · el loroVerde, con la frente azul, traído de América. Repite tres frases. Cuando muere, Félicité lo hace disecar y lo pone en su cuarto.
Liébard · el arrendatarioLleva la granja de Toucques. Es quien trae la carta que anuncia la muerte de Victor.
Fabu · el mozo de carniceríaAmenaza con retorcerle el cuello al loro, aunque en el fondo le tiene simpatía; Félicité sospecha que lo envenenó y, antes de morir, le pide perdón por haber sospechado de él.
La mère Simon · la vecinaUna tendera arruinada que, en la vejez de Félicité, le parte la leña y le saca el agua, y está con ella cuando muere.
El narradorCuenta en tercera persona, pegado a lo que Félicité ve y siente, y de vez en cuando la juzga en una frase corta.

Las pérdidas de Félicité, una a una

Lo que pierdeCómo lo pierdeQué hace despuésDónde está
Su familiaEl padre, albañil, se mata al caer de un andamio; muere la madre; las hermanas se dispersanGuarda vacas en una granja, bebe el agua de las charcas tumbada boca abajo y la echan por un robo que no ha cometidoParte II
ThéodoreSe casa con una vieja rica para librarse de la quintaGrita y llora sola en el campo hasta el amanecer; al mes deja la granja y se va a Pont-l'Évêque, donde entra al servicio de Mme AubainParte II
PaulSe va interno al colegio de CaenEcha de menos su ruido y lleva cada día a Virginie al catecismoParte II
Virginie, internaSe va con las monjas de HonfleurEntra cada mañana en su cuarto vacío, intenta hacer encaje y pide permiso para recibir a Victor los domingosParte III
VictorSe embarca para dos años; Félicité llega al puerto cuando ya retiran la escalera; muere de fiebre amarilla en La HabanaBaja al río a aclarar la colada; por la noche llora boca abajo sobre el colchónParte III
VirginieMuere en el convento de una enfermedad de pechoLa vela dos noches, le corta un mechón y lo guarda en el pecho; va a su tumba todos los días a las cuatroParte III
El oídoUna angina y un dolor de oídos la dejan sorda en tres añosEl loro es lo único que oyeParte IV
LoulouAparece muerto en su jaula una mañana del invierno de 1837Lo manda disecar y lo lleva ella misma, a pie, hasta HonfleurParte IV
Mme AubainMuere en marzo de 1853La llora «como no se llora a los amos» («comme on ne pleure pas les maîtres»)Parte IV
La casaLos herederos se llevan los muebles y ponen la casa en ventaReza de rodillas delante del loro disecadoParte IV
Loulou, otra vezLo da para el altar del Corpus que se levanta en el patioMuere y cree verlo en el cieloPartes IV y V

Félicité solo recuerda sus pérdidas juntas una vez, de noche, en lo alto de la cuesta de Ecquemauville, con la cara ensangrentada por el latigazo de un postillón y el loro muerto en la cesta: «la miseria de su infancia, el desengaño del primer amor, la partida de su sobrino, la muerte de Virginie» («la misère de son enfance, la déception du premier amour, le départ de son neveu, la mort de Virginie») le vuelven a la vez, «como las olas de una marea» («comme les flots d'une marée»), y la ahogan (parte IV). La lista no nombra a Loulou, que va en la cesta, camino del disecador.

Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: una mujer caída de espaldas en la carretera, junto a una cesta; al fondo se aleja una diligencia.
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: una mujer caída de espaldas en la carretera, junto a una cesta; al fondo se aleja una diligencia.
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: una pareja camina de espaldas por un camino; él le pasa el brazo por la cintura a ella, que lleva cofia, y delante va un carro de heno tirado por caballos.
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: una pareja camina de espaldas por un camino; él le pasa el brazo por la cintura a ella, que lleva cofia, y delante va un carro de heno tirado por caballos.

La obra

Félicité, criada de Mme Aubain en Pont-l'Évêque durante medio siglo, pierde uno tras otro a todos los que quiere, y después de cada pérdida pone su cariño en lo que le queda. Abandonada por el mozo que le había prometido matrimonio, entra al servicio de una viuda y se vuelca en sus dos hijos. Cuando los niños se van internos, quiere a su sobrino Victor, marinero, que muere de fiebre amarilla en un hospital de La Habana; poco después muere también Virginie, la hija de su ama. Le queda un loro, que se convierte en la única voz que oye cuando se queda sorda; cuando el loro muere, lo hace disecar y, al ver una estampa, lo confunde con el Espíritu Santo. Muerta su ama, sola y enferma en la casa vacía, Félicité muere el día del Corpus y cree ver en el cielo abierto un loro gigantesco.

El final ocurre en el cuarto de Félicité, que está ya ciega, con pulmonía y en la cama. Ha pedido perdón a Fabu y ha dado su loro, comido por los gusanos y con la estopa saliéndole del vientre, para el altar que las vecinas levantan en el patio. Mientras la procesión entra en el patio y el cura sube al altar con la custodia, la mère Simon se sube a una silla para verlo por el ventanuco; abajo, entre las rosas, solo asoma la frente azul del loro. El incienso sube hasta la cama, Félicité lo aspira, sonríe y muere.

El relato empieza con la envidia de las vecinas: «Durante medio siglo, las burguesas de Pont-l'Évêque envidiaron a Mme Aubain su criada Félicité» («Pendant un demi-siècle, les bourgeoises de Pont l'Evêque envièrent à Mme Aubain sa servante Félicité») (parte I).

Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: en un patio, una criada con cofia y delantal da de comer a las gallinas.
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: en un patio, una criada con cofia y delantal da de comer a las gallinas.

El autor

Gustave Flaubert nació en Ruan el 12 de diciembre de 1821. Su padre era cirujano jefe del Hôtel-Dieu, el hospital de la ciudad, y la familia vivía en un ala del edificio. En 1842 se fue a París a estudiar Derecho; en 1844 sufrió una crisis nerviosa en la carretera de Pont-l'Évêque, dejó los estudios y se instaló con su familia en Croisset, cerca de Ruan.

Madame Bovary salió en 1856 y le costó un proceso por ofensa a la moral, del que fue absuelto en 1857. Después publicó Salambó (1862), La educación sentimental (1869) y La tentación de san Antonio (1874). Murió en Croisset el 8 de mayo de 1880 y dejó a medias Bouvard y Pécuchet, cuya primera parte se publicó en 1881.

En 1875 la ruina de Ernest Commanville, el marido de su sobrina, lo dejó en apuros de dinero: vendió una granja en Deauville para evitarle la quiebra y pasó una temporada en Concarneau, donde coincidió con su amigo Georges Pouchet. Apartó Bouvard y Pécuchet y escribió tres cuentos, uno detrás de otro: La leyenda de san Julián el Hospitalario, Un cœur simple y Herodías.

Un cœur simple lo había empezado para George Sand, amiga suya y corresponsal desde 1863. Sand murió en Nohant el 8 de junio de 1876, antes de que él lo terminara, y Flaubert fue a su entierro. Para escribirlo volvió en la primavera de 1876 a Pont-l'Évêque y a Honfleur, a ver un paisaje que había olvidado, y pidió prestado un loro disecado al museo de Ruan. Geffosses, una de las granjas de Mme Aubain, era también una granja de la familia Flaubert, del padre desde 1829, y Trouville es la playa donde pasó varios veranos de joven.

Gustave Flaubert, retratado al óleo por Eugène Giraud hacia 1856.
Gustave Flaubert, retratado al óleo por Eugène Giraud hacia 1856.

Contexto literario y cultural

Una criada para todo. El segundo párrafo del relato presenta a Félicité con la lista de su trabajo: por cien francos al año cocina, limpia, cose, lava, plancha, sabe embridar un caballo, cebar las aves y batir la mantequilla (parte I). Flaubert tuvo una criada así, Julie, que sirvió a su familia desde que él era niño, y el personaje de Félicité le rinde homenaje.

La historia de Francia, desde la cocina. El relato apenas sale de Pont-l'Évêque, pero el país entra en la casa. Una noche el conductor de la diligencia de correos trae la noticia de la Revolución de Julio de 1830, y con ella llega un subprefecto nuevo, el barón de Larsonnière, antiguo cónsul en América y dueño del loro (parte III). Félicité protege a «los polacos» («les Polonais»): después de la insurrección polaca de 1830-1831 llegaron a Francia miles de exiliados, a los que se repartió por ciudades de provincias. Y cuida a «enfermos de cólera» («des cholériques»): la primera ola de cólera llegó a París en marzo de 1832 y mató allí a más de 18.400 personas.

Comprar un hombre. Los padres de Théodore «le habían comprado un hombre» («lui avaient acheté un homme») (parte II). En la Francia de entonces, el mozo al que le tocaba en el sorteo el servicio militar podía pagar a otro para que lo hiciera en su lugar; esa sustitución duró hasta la ley de 1872. Pero a Théodore podían volver a llamarlo, y se casa con Mme Lehoussais «para ponerse a salvo de la quinta» («Pour se garantir de la conscription»).

Una fe hecha de imágenes. Félicité aprende la religión mirando: en la iglesia de Pont-l'Évêque, «el Espíritu Santo dominaba a la Virgen» («le Saint-Esprit dominait la Vierge») en un vitral del ábside (parte III). La estampa que compra después es una imagen de Épinal: la ciudad fue uno de los principales centros de grabados populares, de estilo ingenuo, que Jean-Charles Pellerin empezó a imprimir en serie; muchos eran religiosos, de santos, de la Virgen o de historias edificantes. La de Félicité representa el bautismo de Cristo (parte IV).

El Corpus y sus altares. El día del Corpus, la Fête-Dieu, la procesión lleva el Santísimo por las calles y se detiene en altares adornados con flores, los «reposoirs». En Pont-l'Évêque hay tres, y en el tercero, levantado en el patio de la casa de Mme Aubain, ponen el loro de Félicité (partes IV y V).

Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: en una cocina, una criada con cofia sirve de una sopera a un muchacho que come a la mesa.
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: en una cocina, una criada con cofia sirve de una sopera a un muchacho que come a la mesa.

Temas clave de la obra

Félicité solo puede querer y creer a través de lo que ve y toca, y eso no rebaja ni su cariño ni su fe. Al morir, «creyó ver» («crut voir») en el cielo abierto un loro gigantesco: es Loulou, su loro disecado, al que ha confundido con el Espíritu Santo de una estampa.

Querer al que se tiene delante. Cada vez que pierde a alguien, Félicité pone el mismo cuidado en el siguiente. Lleva a cuestas a Paul y a Virginie «como un caballo» («comme un cheval») (parte II); atiborra a Victor de comida los domingos hasta que se queda dormido (parte III); y Loulou, en su aislamiento, es «casi un hijo, un enamorado» («presque un fils, un amoureux») (parte IV). Es también la única que llora a Victor. Cuando Liébard se ha ido, dice: «¡A ellos no les importa nada!» («Ça ne leur fait rien, à eux!») (parte III).

Creer con los ojos. De la Historia Sagrada, Félicité ve en su cabeza el paraíso, el diluvio y la torre de Babel; de los dogmas, «no entendía nada» («elle n'y comprenait rien»), y no consigue imaginarse al Espíritu Santo, que es a la vez pájaro, fuego y soplo (parte III). Cuando ve en la estampa un Espíritu Santo de alas de púrpura y cuerpo de esmeralda, lo toma por «el retrato de Loulou» («le portrait de Loulou»), y desde ese momento el Espíritu Santo se le vuelve «más vivo a sus ojos e inteligible» («plus vivant à ses yeux et intelligible») (parte IV). El narrador llama «idólatra» («idolâtre») a su costumbre de rezar de rodillas ante el loro; pero su parroquia también pinta al Espíritu Santo como un pájaro, y el cura acepta el loro en el altar del Corpus. La diferencia está en que Félicité confunde la imagen con lo que representa.

Vivir lo que les pasa a los otros. En la primera comunión de Virginie, «le pareció que ella misma era aquella niña» («il lui sembla qu'elle était elle-même cette enfant»), y casi se desmaya; al día siguiente comulga ella y «no encontró las mismas delicias» («n'y goûta pas les mêmes délices») (parte III). Cuando el latigazo del postillón la tira al suelo, lo primero que hace al volver en sí es abrir la cesta para ver si el loro está bien. Y cuando oye que tiene pulmonía contesta «¡Ah, como la señora!» («Ah! comme Madame») (parte IV): Mme Aubain había muerto de un dolor en el pecho, y a Félicité le parece natural morir de lo mismo que su ama.

Los que se ríen. Bourais tiene «una hermosa sonrisa de pedante» («un beau sourire de cuistre») mientras le explica las longitudes, y se ríe a carcajadas cuando ella le pide que le enseñe en el mapa la casa de Victor (parte III). Después, el loro se echa a reír cada vez que lo ve, y Bourais tiene que entrar en la casa por la puerta del jardín; muere en una posada de Bretaña, se confirma el rumor de que se suicidó y salen a la luz sus estafas y un hijo natural (parte IV). Mme Aubain, que le dice «¡Dios mío, qué tonta es usted!» («Mon Dieu! comme vous êtes bête!») (parte IV), es la misma que se encoge de hombros cuando Félicité le cuenta que lleva seis meses sin noticias de Victor (parte III).

Una criada es una posesión. Las burguesas envidian a Mme Aubain «su criada Félicité» («sa servante Félicité») como se envidia una cosa (parte I). Solo una vez la tratan como a una igual, cuando ama y criada vacían el armario de Virginie y se abrazan «en un beso que las igualaba» («dans un baiser qui les égalisait»); el narrador añade que era «la primera vez en su vida» («la première fois de leur vie») (parte III). Muerta Mme Aubain, los herederos llegan a los diez días, se reparten los muebles y ponen la casa en venta con Félicité dentro (parte IV).

Los objetos de los muertos. Félicité guarda el mechón de Virginie, «resuelta a no desprenderse nunca de él» («résolue à ne jamais s'en dessaisir»), y pide para sí su sombrero de felpa, aunque está «todo comido de bichos» («tout mangé de vermine») (parte III). Su cuarto «parecía a la vez una capilla y un bazar» («avait l'air tout à la fois d'une chapelle et d'un bazar») (parte IV). Al final, «los gusanos lo devoraban» («les vers le dévoraient»), al loro; pero cada mañana, al verlo, Félicité recordaba su vida «sin dolor, llena de tranquilidad» («sans douleur, pleine de tranquillité») (parte IV).

El cielo y el loro. La última frase pone juntos «los cielos entreabiertos» («les cieux entr'ouverts») y «un loro gigantesco» («un perroquet gigantesque»), con un verbo que deja la visión dentro de Félicité: «creyó ver» («elle crut voir»). Quien la lea como burla tiene que explicar que Félicité muere sonriendo, «Sus labios sonreían» («Ses lèvres souriaient») (parte V); quien la lea como gloria tiene que explicar que lo que ve es un loro.

Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: la nave de una iglesia, con niñas de velo blanco ante el altar y un monaguillo.
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: la nave de una iglesia, con niñas de velo blanco ante el altar y un monaguillo.

Construcción de la obra

Cinco partes, con los extremos casi iguales.

ParteQué cuentaPeso en palabras
IRetrato de Félicité y de la casa, al cabo de medio siglo5,1 %
IILa historia con Théodore, la entrada en casa de Mme Aubain, los niños, el toro al que Félicité hace frente para que Mme Aubain y los niños escapen, y el verano en Trouville26,0 %
IIILa primera comunión de Virginie, la partida y la muerte de Victor, la muerte de Virginie, el abrazo con Mme Aubain y la llegada del loro38,1 %
IVLoulou: su vida, su muerte y el disecado; el loro y el Espíritu Santo; la muerte de Mme Aubain, la pobreza y la agonía25,5 %
VLa procesión del Corpus y la muerte de Félicité5,2 %

La primera y la última parte pesan casi lo mismo: un retrato y una muerte.

Un retrato hecho desde el final. La parte I describe a Félicité cuando ya lleva cincuenta años en la casa: «Durante medio siglo» («Pendant un demi-siècle»); «Desde los cincuenta años, ya no aparentó ninguna edad» («Dès la cinquantaine, elle ne marqua plus aucun âge»). La parte II vuelve a su infancia, y desde ahí todo va en orden hasta su muerte.

Décadas en una frase, despedidas en escena. Los años iguales se resumen en una línea: «Luego pasaron años, todos iguales» («Puis des années s'écoulèrent, toutes pareilles») (parte III); «Pasaron muchos años» («Bien des années se passèrent») (parte IV). Las despedidas y las muertes, en cambio, se cuentan despacio: el barco de Victor que sale de Honfleur de noche, el velatorio de Virginie, el latigazo en el camino, la procesión.

El narrador piensa con la cabeza de Félicité. El relato usa el estilo indirecto libre: cuenta en tercera persona, pero con las razones del personaje. Para Félicité, La Habana es «un país donde no se hace otra cosa que fumar» («un pays où l'on ne fait pas autre chose que de fumer»), porque de allí vienen los cigarros (parte III). Y el Espíritu Santo tiene que parecerse a un loro: «El Padre, para expresarse, no había podido elegir una paloma, puesto que esos animales no tienen voz, sino más bien uno de los antepasados de Loulou» («Le Père, pour s'énoncer, n'avait pu choisir une colombe, puisque ces bêtes-là n'ont pas de voix, mais plutôt un des ancêtres de Loulou») (parte IV). El razonamiento es de ella y la sintaxis, del narrador.

De quién es la burla. La frase más dura sobre Félicité, «¡tan limitada era su inteligencia!» («tant son intelligence était bornée!»), está en la escena del mapa, justo después de la carcajada de Bourais, y puede ser lo que piensa Bourais o lo que piensa el narrador (parte III). En otras frases la ironía tiene un blanco claro: de Paul, que a los treinta y seis años encuentra su vocación, el narrador dice que «por una inspiración del cielo, había descubierto su camino: ¡el registro!» («par une inspiration du ciel, il avait découvert sa voie: l'enregistrement!») (parte IV).

Inventarios. El relato ordena el mundo de Félicité con listas. La casa de la parte I tiene ocho sillas de caoba, un piano viejo, un reloj con un templo de Vesta y grabados que son «recuerdos de un tiempo mejor y de un lujo desvanecido» («souvenirs d'un temps meilleur et d'un luxe évanoui»). En la parte IV los herederos se lo llevan todo, y en las paredes «el sitio de los grabados se dibujaba en cuadrados amarillos» («La place des gravures se dessinait en carrés jaunes au milieu des cloisons»). Entre esas dos listas está la del cuarto de Félicité, y después vendrá la del altar del Corpus, con el loro escondido bajo las rosas (parte V).

Dos imágenes descritas. El vitral de la parte III y la estampa de la parte IV son descripciones de obras de arte, y las dos tienen un pájaro. La segunda es la que decide: «Con sus alas de púrpura y su cuerpo de esmeralda, era de verdad el retrato de Loulou» («Avec ses ailes de pourpre et son corps d'émeraude, c'était vraiment le portrait de Loulou») (parte IV).

Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: una procesión de hombres y niños con sobrepelliz avanza por una calle; a la izquierda, una mujer con cofia y un niño se inclinan para verla pasar.
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: una procesión de hombres y niños con sobrepelliz avanza por una calle; a la izquierda, una mujer con cofia y un niño se inclinan para verla pasar.

Claves de la lectura

Fíjate en quién dice cada cosa. El narrador cuenta casi siempre desde Félicité, pero a veces juzga en una frase seca: «evidentemente la explotaban» («évidemment ils l'exploitaient»), de la familia de su hermana (parte II); «para almas semejantes lo sobrenatural es de lo más sencillo» («pour de pareilles âmes le surnaturel est tout simple»), cuando vela a Virginie (parte III). Y lo que piensa Mme Aubain cuando Félicité le habla de su sobrino lo pone entre comillas, como si lo dijera: «¡Ni me acordaba!… ¡Además, me trae sin cuidado! Un grumete, un pordiosero, ¡vaya cosa!…» («Je n'y pensais pas!… Au surplus, je m'en moque! un mousse, un gueux, belle affaire!…») (parte III).

Sigue a los pájaros. Antes de Loulou hay otros: Félicité quiere más a las palomas por el Espíritu Santo (parte III); en el vitral, el Espíritu Santo es un pájaro. Y antes de ser suyo, Loulou es el loro de la familia del subprefecto, que a Félicité le interesa porque viene de América, «y esa palabra le recordaba a Victor» («et ce mot lui rappelait Victor») (parte III). Después vendrán el loro de la estampa y el del cielo.

Cuenta los objetos del cuarto. Cada cosa del cuarto de Félicité viene de alguien que ya no está: la caja de conchas de Victor, la geografía en estampas de los niños, el sombrero de Virginie, una levita del difunto marido de Mme Aubain (parte IV).

Lee la última frase dos veces. Félicité no ve el loro en el cielo: «creyó ver» («crut voir»). Pregúntate qué cambiaría si el narrador hubiera escrito «vio».

Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: un loro en su percha junto a la puerta de una casa; abajo, una mujer con cofia sentada en el suelo, y al fondo pasa un hombre con abrigo largo.
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: un loro en su percha junto a la puerta de una casa; abajo, una mujer con cofia sentada en el suelo, y al fondo pasa un hombre con abrigo largo.

Símbolos y motivos

El loro. Viene de América, y esa palabra le recuerda a Victor; habla cuando Félicité ya no oye otra cosa; disecado, preside el cuarto desde la repisa de la chimenea; en el altar del Corpus solo enseña «su frente azul» («son front bleu»); y en la última frase ocupa el cielo. La baronesa, mujer del subprefecto, lo regaló a Mme Aubain para deshacerse de él, y ella se lo dio a Félicité; al final, Félicité le pide al cura que, cuando ella muera, acepte el loro, «su única riqueza» («sa seule richesse») (parte IV).

El soplo. Para Félicité, el Espíritu Santo es a veces «un soplo» («un souffle») (parte III), y la última frase la hace morir «cuando exhaló su último soplo» («quand elle exhala son dernier souffle») (parte V). En francés es la misma palabra, y la visión llega justo con ella.

El agua. Victor desaparece en el mar, una mancha negra que palidece bajo la luna; Félicité recibe la noticia de su muerte y baja al río a lavar la ropa; sus recuerdos le vuelven «como las olas de una marea» («comme les flots d'une marée») (parte IV); y su corazón se para «como una fuente que se agota, como un eco que se apaga» («comme une fontaine s'épuise, comme un écho disparaît») (parte V).

Las estampas. Las láminas de la geografía de los niños vuelven en los miedos por Victor, al que Félicité imagina comido por los salvajes o raptado por los monos, «recuerdos de la geografía en estampas» («souvenirs de la géographie en estampes») (parte III). La estampa de Épinal le da la cara del Espíritu Santo. Félicité no sabe leer: lo que sabe del mundo y del cielo lo ha visto en imágenes.

La mujer de madera. El retrato de la parte I la compara con «una mujer de madera» («une femme en bois») que funciona de manera automática.

Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: un loro con las alas abiertas sobre su percha, en un patio; una mujer con un cesto a la espalda le tiende la mano, y otra, con cofia, levanta el brazo desde una ventana.
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: un loro con las alas abiertas sobre su percha, en un patio; una mujer con un cesto a la espalda le tiende la mano, y otra, con cofia, levanta el brazo desde una ventana.

Literatura comparada

Con Madame Bovary. En la novela de 1856, en la fiesta de los comicios agrícolas, una vieja criada de granja, Catherine Leroux, recibe una medalla de plata por más de medio siglo de servicio en la misma granja. El Centro Flaubert de la Universidad de Ruan señala en ella el germen de Félicité, y la diferencia en el tono: a Catherine Leroux, Flaubert la pone delante de los burgueses con una rabia contenida; a Félicité la cuenta con simpatía. La misma página empareja a Bourais con Homais, el boticario de Madame Bovary: dos burgueses que presumen de saber y de los que el autor se burla.

Con Chéjov. En «Dúshechka» (1899), que en español se ha publicado como «Un ángel» o «Amorcito», Antón Chéjov cuenta la vida de Olenka, una mujer que quiere sucesivamente a un empresario de teatro, a un comerciante de madera y a un veterinario, y que, cuando se queda sola, se vuelca en el hijo de este último, un niño de escuela. Las dos mujeres pasan de un cariño al siguiente. Se diferencian en lo que les queda de cada uno: a Olenka, las opiniones del hombre al que quiere, que pierde cuando él se va; a Félicité, objetos: la caja de conchas de Victor, el sombrero de Virginie, el loro disecado.

Una novela sobre el loro. El loro de Flaubert (1984), de Julian Barnes, sale de este cuento. Su narrador, Geoffrey Braithwaite, un médico inglés jubilado y viudo, viaja a Ruan para averiguar cuál de los dos loros disecados que dicen tener dos museos fue el que inspiró a Flaubert. La novela fue finalista del premio Booker en 1984; en español la publica Anagrama, con traducción de Antonio Mauri.

Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: junto a una mesa, una señora sentada enseña un libro grande a una niña arrodillada; un niño, acodado en la mesa, mira.
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: junto a una mesa, una señora sentada enseña un libro grande a una niña arrodillada; un niño, acodado en la mesa, mira.

Recepción y legado

El cuento salió por entregas en Le Moniteur universel en abril de 1877, y el 24 de abril, en libro, con los otros dos Trois contes. El público acogió el libro con cierto éxito y la crítica se dividió: unos lo tuvieron por una obra menor de Flaubert; otros, por su fondo religioso, celebraron en él una redención del autor después del escándalo de Madame Bovary.

La discusión sobre la ironía empezó mientras Flaubert escribía el cuento. Se lo había contado a una amiga, Mme Roger des Genettes, que supuso que sería irónico; en una carta del 19 de junio de 1876 él le contestó que no lo era en absoluto, que era al contrario muy serio y muy triste, y le resumió el final: al morir, Félicité confunde el loro con el Espíritu Santo.

Del cuento han salido una novela, El loro de Flaubert (1984), de Julian Barnes, y una película: en 2008, Marion Laine lo llevó al cine en Francia, con Sandrine Bonnaire como Félicité y Marina Foïs como Mme Aubain.

Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: junto a una monja, dos mujeres se abrazan ante una puerta; detrás espera un coche de caballos.
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: junto a una monja, dos mujeres se abrazan ante una puerta; detrás espera un coche de caballos.

Citas emblemáticas

«Pendant un demi-siècle, les bourgeoises de Pont l'Evêque envièrent à Mme Aubain sa servante Félicité.»

«Durante medio siglo, las burguesas de Pont-l'Évêque envidiaron a Mme Aubain su criada Félicité.»

La primera frase · Parte I

«Dès la cinquantaine, elle ne marqua plus aucun âge; — et, toujours silencieuse, la taille droite et les gestes mesurés, semblait une femme en bois, fonctionnant d'une manière automatique.»

«Desde los cincuenta años, ya no aparentó ninguna edad; y, siempre callada, el talle derecho y los gestos medidos, parecía una mujer de madera que funcionaba de manera automática.»

El retrato de Félicité · Parte I

«Elle avait peine à imaginer sa personne; car il n'était pas seulement oiseau, mais encore un feu, et d'autres fois un souffle.»

«Le costaba imaginar su persona; porque no era solo pájaro, sino también un fuego, y otras veces un soplo.»

El Espíritu Santo en la iglesia · Parte III

«il lui sembla qu'elle était elle-même cette enfant; sa figure devenait la sienne, sa robe l'habillait, son coeur lui battait dans la poitrine»

«le pareció que ella misma era aquella niña; su cara se volvía la suya, su vestido la vestía, su corazón le latía en el pecho»

La primera comunión de Virginie · Parte III

«elle le pria de lui montrer la maison où demeurait Victor. Bourais leva les bras, il éternua, rit énormément»

«le rogó que le enseñara la casa donde vivía Victor. Bourais levantó los brazos, estornudó, se rió muchísimo»

El mapa · Parte III

«Ça ne leur fait rien, à eux!»

«¡A ellos no les importa nada!»

Félicité, al saber que Victor ha muerto · Parte III

«enfin la maîtresse ouvrit ses bras, la servante s'y jeta; et elles s'étreignirent, satisfaisant leur douleur dans un baiser qui les égalisait.»

«por fin la señora abrió los brazos, la criada se arrojó en ellos; y se estrecharon, saciando su dolor en un beso que las igualaba.»

El armario de Virginie · Parte III

«Loulou, dans son isolement, était presque un fils, un amoureux.»

«Loulou, en su aislamiento, era casi un hijo, un enamorado.»

Félicité y su loro · Parte IV

«Le Père, pour s'énoncer, n'avait pu choisir une colombe, puisque ces bêtes-là n'ont pas de voix, mais plutôt un des ancêtres de Loulou.»

«El Padre, para expresarse, no había podido elegir una paloma, puesto que esos animales no tienen voz, sino más bien uno de los antepasados de Loulou.»

El loro y la estampa · Parte IV

«et, quand elle exhala son dernier souffle, elle crut voir, dans les cieux entr'ouverts, un perroquet gigantesque, planant au-dessus de sa tête.»

«y, cuando exhaló su último soplo, creyó ver, en los cielos entreabiertos, un loro gigantesco que planeaba sobre su cabeza.»

La última frase · Parte V
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: en un prado, una mujer levanta los brazos ante un becerro con la cabeza gacha; junto a la cerca, un niño se asoma y dos niñas descansan sobre la hierba.
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: en un prado, una mujer levanta los brazos ante un becerro con la cabeza gacha; junto a la cerca, un niño se asoma y dos niñas descansan sobre la hierba.

Temas de debate y preguntas clave

Mientras lees

  1. ¿Qué sabemos de Félicité por la parte I, antes de que empiece su historia?
  2. ¿Por qué deja Félicité la granja y entra al servicio de Mme Aubain?
  3. ¿Qué hace Félicité ante el toro, y qué piensa ella de lo que ha hecho?
  4. ¿Qué siente Félicité en la primera comunión de Virginie, y qué siente en la suya, al día siguiente?
  5. ¿Qué hace Félicité el día en que se entera de que Victor ha muerto?

Comprender

  1. ¿Qué le pide Félicité a Bourais delante del mapa, y cómo reacciona él?
  2. ¿Cómo llega Loulou a manos de Félicité, y por qué le importa desde antes de tenerlo?
  3. ¿Qué le pasa a Félicité en el camino de Honfleur, cuando lleva el loro al disecador?

Interpretar

  1. ¿Por qué confunde Félicité el loro con el Espíritu Santo?
  2. «¡tan limitada era su inteligencia!» («tant son intelligence était bornée!»): ¿quién lo piensa, el narrador o Bourais?
  3. ¿Qué cambia entre Mme Aubain y Félicité el día en que vacían el armario de Virginie?

Juzgar

  1. ¿Es Mme Aubain una mala ama?
  2. Al morir, Félicité ve en el cielo un loro gigantesco. ¿Es un final glorioso o un final ridículo?

Relacionar

  1. Félicité guarda un sombrero comido de bichos y un loro comido de gusanos. ¿Qué guardamos nosotros de nuestros muertos, y para qué?
  2. ¿En qué se parecen Félicité y la Olenka de «Dúshechka», de Chéjov, y en qué se diferencian?

Para cerrar

  1. ¿Quién es el simple en este cuento: Félicité, o los que se ríen de ella?
  2. ¿Es ridícula una fe que necesita ver lo que adora, cuando la iglesia de Félicité también pinta al Espíritu Santo como un pájaro?
  3. Flaubert escribió a una amiga que el cuento no era irónico, sino muy serio y muy triste. ¿Estás de acuerdo después de leerlo?
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: un cuarto pobre; una mujer subida a un taburete mira por una ventana alta, junto a una cama y una mesilla con una jarra.
Ilustración de Émile Adan para la edición de 1894 de Un cœur simple: un cuarto pobre; una mujer subida a un taburete mira por una ventana alta, junto a una cama y una mesilla con una jarra.