The Man of the Crowd, de Edgar Allan PoeLas guías de lectura de Septimus

Guía de lectura

The Man of the Crowd

Ilustración: el ventanal saliente de un café de Londres visto desde dentro, al anochecer; al otro lado, la calle llena de gente bajo las farolas de gas; en el cristal, el reflejo de un hombre sentado con un periódico y un puro.

Ficha técnica

CampoDato
Título originalThe Man of the Crowd
PublicaciónDiciembre de 1840, a la vez en Burton's Gentleman's Magazine y en The Casket, dos revistas de Filadelfia; en 1845 entró en el volumen Tales
En españolEl hombre de la multitud, traducción de Julio Cortázar: Universidad de Puerto Rico (1956), Alianza (desde 1970), Páginas de Espuma (2008) y Cátedra (2018), entre otras
País e idiomaEstados Unidos · inglés; la acción ocurre en Londres
GéneroCuento de terror psicológico: lo que asusta está dentro de las personas y sale de la vida diaria de una gran ciudad
CorrienteRomanticismo norteamericano
Extensión3.536 palabras
Quién cuentaUn hombre sin nombre, en primera persona. Empieza como testigo de lo que ve en la calle y acaba siendo el protagonista

Tema central: Cuanto mayor la multitud, más invisibles somos. El relato de un hombre que no soporta la soledad y otro que no soporta el misterio.

Ilustración: el ventanal de un café visto desde la calle, de noche; dentro, un hombre mira a la gente que pasa por la acera.

Personajes clave

PersonajeQuién es
El narrador · el que no soporta el misterioSale de meses de enfermedad y pasa la tarde en el ventanal de un café, con un puro y un periódico, mirando a la gente que pasa. Cree que puede saber quién es cada uno con solo mirarlo. No dice su nombre y en todo el cuento solo habla consigo mismo.
El viejo · el que no soporta la soledadTiene sesenta y cinco o setenta años y va sucio y harapiento. Busca siempre los sitios llenos de gente. No dice una palabra en todo el cuento.
La multitud · el tercer personajeNobles, comerciantes, oficinistas, carteristas, tahúres, vendedores, mendigos y borrachos. Llena la calle al anochecer y se va retirando con la lluvia: a las once de la noche la avenida está casi vacía.
Los secundariosUn tendero que, al echar el cierre del bazar, empuja al viejo; un grupo de juerguistas que se va deshaciendo hasta quedar en tres; el dueño de la taberna de ginebra, que cierra al amanecer. Ninguno habla.
Ilustración: un hombre joven mira de cerca a un viejo de pelo blanco que camina sin reparar en él, entre la gente.

La persecución, calle a calle

El cuento es un recorrido por Londres que dura una noche y un día.

En cada parada hay que mirar una sola cosa: cuánta gente hay alrededor. De eso depende cómo está el viejo.

ParadaCuánta gente hayQué hace el viejoQué hace el narrador
El ventanal del caféLa calle llena, al anochecerAparece de pronto entre la multitud, cuando ya es de nocheMira a la gente con la frente pegada al cristal; al ver al viejo, sale detrás de él
La gran avenidaLlena, y más revuelta por la lluviaAvanza con dificultad durante media hora, sin volver la cabezaCamina pegado a su codo, con un pañuelo en la boca
Una calle transversalMenos gente, y cada vez menosCamina más despacio y dudando; cruza y vuelve a cruzar sin rumbo aparenteLo sigue de cerca casi una hora
La plaza iluminadaRebosante de vida; una hora después, la gente se va a casaRecupera su paso y da la vuelta a la plaza varias veces; cuando se vacía, hace un gesto de impaciencia y se marchaSe asombra; el viejo está a punto de descubrirlo
El bazarLleno de compradores y vendedores, hasta las onceEntra en una tienda tras otra, no pregunta el precio de nada, no habla; cuando un tendero lo empuja al cerrar, se estremeceLo vigila hora y media, con chanclos de goma para no hacer ruido
La avenida del principioCasi vacíaPalidece, suspira y se va hacia el ríoLo sigue
La salida del teatroEl público sale en masaSe lanza entre la gente, jadeando como si le faltara el aire, y la angustia de su cara se calmaReconoce que no entiende lo que hace el viejo
El arrabal y la taberna de ginebraUnos pocos juerguistas; después, la gente del barrio más pobre y los borrachos de la tabernaSe reanima con el ruido y entra en la taberna con un medio grito de alegría; cuando la cierran, su cara muestra algo peor que la desesperaciónLo sigue, decidido a no dejarlo
La calle del café, de díaLlena todo el díaCamina de un lado a otro, sin salir de esa calleAl segundo anochecer, agotado, se le pone delante; el viejo no lo ve

El recorrido enseña una sola cosa del viejo: donde hay gente, revive; donde no la hay, se apaga y busca otro sitio lleno.

Ilustración: un bazar cubierto lleno de compradores y vendedores a la luz de las lámparas; entre ellos camina un viejo con una capa oscura.
Ilustración: una plaza muy iluminada y llena de gente, de noche; un viejo con capa la cruza a paso vivo.

La obra

The Man of the Crowd ocurre en Londres en 1840, cuando nacen las grandes ciudades. Pone frente a frente a dos hombres: uno no soporta la soledad y el otro no soporta el misterio.

Un convaleciente pasa la tarde de otoño en el ventanal de un café. La calle ha estado llena todo el día y, cuando se encienden las farolas, se llena todavía más. Él se entretiene mirando a la gente: por la ropa, las manos y la manera de andar decide quién es oficinista, quién carterista y quién jugador. Está convencido de que puede saber la vida de cualquiera con una ojeada.

Entonces pasa un viejo con una cara que no se parece a ninguna que haya visto. No sabe qué pensar de él, y no lo soporta. Se pone el abrigo y sale a seguirlo.

Lo sigue una noche de lluvia y un día entero. El viejo no va a ningún sitio. Solo busca gente: una plaza, un bazar, la salida de un teatro, una taberna. Cuando un sitio se vacía, se angustia y corre a otro que esté lleno. No habla con nadie.

Al segundo anochecer, el narrador está agotado. Se planta delante del viejo y lo mira a la cara. El viejo no lo ve y sigue andando.

El narrador no ha averiguado nada, y entonces inventa una explicación: decide que el viejo es un criminal. No tiene ninguna prueba, y lo sabe: a continuación reconoce que no sabrá más de ese hombre ni de lo que ha hecho. Da la explicación a sabiendas de que puede ser mentira.

El cuento muestra así lo que trae consigo la gran ciudad: se vive rodeado de gente y solo en la multitud.

Ilustración: una calle llena de gente bajo la lluvia; un hombre con un pañuelo en la boca sigue de cerca a un viejo.

El autor

Retrato fotográfico de Edgar Allan Poe en 1849: hombre de pelo oscuro y bigote, con levita y corbatín, mirando de frente.
Edgar Allan Poe, daguerrotipo «Annie», 1849. Dominio público

Edgar Allan Poe (Boston, 1809 – Baltimore, 1849) fue hijo de dos actores. Su padre abandonó a la familia y su madre murió cuando él tenía dos años; lo criaron en Richmond John y Frances Allan, que nunca llegaron a adoptarlo.

De 1815 a 1820 vivió con ellos en el Reino Unido: fue a la escuela en Escocia y después en Londres, donde estuvo interno en Chelsea y fue a la escuela del reverendo John Bransby en Stoke Newington. Londres, la ciudad de este cuento, la conoció de niño.

Dejó la universidad por deudas, se alistó en el ejército con el nombre de Edgar A. Perry y salió expulsado de la academia militar de West Point.

Quiso vivir de escribir, y vivió de las revistas: fue editor y crítico en el Southern Literary Messenger, en Burton's Gentleman's Magazine y en Graham's Magazine. Escribió «The Man of the Crowd» en Filadelfia, donde vivió de 1838 a 1844. Salió en diciembre de 1840, cuatro meses antes de «The Murders in the Rue Morgue», el cuento con el que nace el relato policiaco moderno.

En 1845 «The Raven» lo hizo famoso. Murió en Baltimore en 1849, cuatro días después de que lo encontraran semiinconsciente, sin llegar a explicar qué le había ocurrido.

Contexto literario y cultural

Ilustración: una calle de Londres hacia 1840, de noche y bajo la lluvia, con farolas de gas, escaparates encendidos y una marea de sombreros y paraguas sobre el empedrado mojado.

El lugar y el tiempo. El cuento ocurre donde aparece una manera nueva de vivir: la gran ciudad, en la que se pasa el día entre miles de desconocidos. Poe mira qué le hace eso a una persona, y ve dos cosas nuevas.

La primera es una soledad que antes no existía: estar solo rodeado de gente.

La segunda es una manera de mirar que tampoco existía: como nadie conoce a nadie, a los demás se los juzga por fuera, por la ropa y los gestos.

El viejo encarna la primera y el narrador la segunda.

Un americano que mira Londres. Poe escribe en Filadelfia para lectores de su país, y el narrador mide a la gente de Londres con la de Nueva York: «so vast a difference is there between a London populace and that of the most frequented American city» (en la calle transversal), «tan enorme es la diferencia entre el gentío de Londres y el de la ciudad americana más concurrida». Para el narrador, una multitud como la de Londres no existe en su país.

La masa y la luz de gas. Al anochecer, «two dense and continuous tides of population were rushing past the door» (en el café), «dos mareas de población, densas y continuas, pasaban a toda prisa ante la puerta». Cuando las farolas de gas se imponen a la luz del día, el narrador deja de clasificar a la gente por tipos y empieza a mirar las caras una a una: «The wild effects of the light enchained me to an examination of individual faces» (en el café), «los efectos extraños de la luz me encadenaron al examen de rostros individuales».

La ciudad por clases. El narrador ordena la calle de arriba abajo, como en las escenas de la vida de Londres que Dickens publicaba en esos años: primero los que tienen dinero, luego los oficinistas, los carteristas y los tahúres, y al fondo los mendigos y los borrachos. Al final de la noche, la persecución baja al barrio más pobre de la ciudad y llega a una taberna de ginebra, «one of the palaces of the fiend, Gin» (en el arrabal), «uno de los palacios del demonio Ginebra».

Un terror nuevo: el de las cosas cotidianas. Como Hoffmann antes que él, Poe desarrolla un tipo nuevo de cuento de terror. No hay fantasmas, ni castillos, ni nada sobrenatural. El miedo sale de lo que se ve cualquier día: una calle llena, la cara de un desconocido, un hombre que no puede quedarse solo. Es un terror psicológico, porque lo que asusta está dentro de las personas.

Ilustración: la entrada iluminada de una taberna en un barrio pobre, antes del amanecer; un viejo con capa corre hacia ella.

Temas clave de la obra

La soledad en la multitud. Hay tres maneras de estar solo:

  • Soledad física: no hay otras personas.
  • Soledad social: hay otras personas, pero no se tiene trato de verdad con ninguna.
  • Soledad existencial: no se puede compartir del todo lo que uno lleva dentro.

La gran ciudad quita la primera y deja intactas las otras dos.

En el cuento, cada uno de los dos hombres las sufre a su manera.

El viejo no soporta la soledad física. Cuando la avenida se queda casi vacía, «The stranger grew pale» (en la avenida del principio), «el desconocido palideció». Al huir de ella cae en la social: pasa un día entero entre miles de personas y no habla con ninguna. En el bazar, «spoke no word», no dijo una palabra.

El narrador también está entre la gente sin tratar con nadie. Y sufre además la soledad existencial: en todo el cuento solo habla consigo mismo. El cuento empieza con esa soledad: «There are some secrets which do not permit themselves to be told» (en las primeras líneas), «hay secretos que no se dejan contar».

Esa soledad entre la gente la apunta el cuento desde el café. Entre la gente que pasa hay muchos que caminan «as if feeling in solitude on account of the very denseness of the company around», «como si se sintieran solos por lo apretada que es la compañía que los rodea».

No soportar el misterio. El narrador cree que una cara se puede leer como un libro: «I could frequently read, even in that brief interval of a glance, the history of long years» (en el café), «a menudo podía leer, aun en el breve intervalo de una ojeada, la historia de largos años». La cara del viejo es la primera que no sabe leer, y por eso lo persigue.

La explicación inventada. Al final, el narrador sabe una sola cosa del viejo: que busca siempre sitios llenos de gente. Eso lo ha visto.

El motivo no lo sabe.

Como no soporta quedarse sin explicación, pone una: el viejo «is the type and the genius of deep crime» (al final), «es el tipo y el genio del crimen profundo».

Lo dice a sabiendas de que puede ser mentira. A continuación reconoce: «for I shall learn no more of him, nor of his deeds», «porque no sabré más de él ni de sus actos».

Antes de empezar, Poe pone una frase del escritor francés La Bruyère: «Ce grand malheur, de ne pouvoir être seul», «esa gran desgracia de no poder estar solo». Esa frase solo dice que el viejo no puede estar solo. Lo de criminal lo añade el narrador.

Gente invisible. En la multitud, las personas se vuelven invisibles.

El viejo pasa un día entero rodeado de miles de personas, y el cuento no recoge una sola palabra suya ni una sola palabra dirigida a él.

El narrador también es invisible. Cuando al final se planta delante del viejo y lo mira a la cara, el viejo no lo ve: «He noticed me not» (al final), «no reparó en mí».

Dos hombres que se parecen. El que persigue y el perseguido hacen lo mismo: los dos pasan una noche y un día en la calle, entre la gente, sin hablar con nadie. Los separa lo que busca cada uno. El viejo busca gente alrededor, aunque no trate con nadie. El narrador busca una explicación.

Ilustración: una avenida casi vacía de noche, con el empedrado mojado y las farolas de gas encendidas; un viejo camina solo, de espaldas.
Ilustración: una multitud en una calle de Londres, de noche, entre la niebla y la luz de gas; no se distinguen las caras.

Construcción de la obra

Quién cuenta y desde dónde.

AspectoEn este cuento
Tipo de narradorEmpieza como testigo y acaba como protagonista
PersonaPrimera
Punto de vistaUno solo y fijo: el suyo
Qué pensamientos conocemosSolo los suyos; los del viejo, nunca
Hasta dónde se le creeEn lo que ve, sí; en lo que concluye, no
Clase de narrador no fiable (aquel al que el lector no puede creerle todo)El que se engaña a sí mismo: concluye más de lo que ha visto. No sabe por qué el viejo hace lo que hace y se da una explicación para quedarse tranquilo, aunque sabe que no puede probarla

El narrador va a contarnos la historia de un viejo misterioso, y esa historia no llega nunca. La única que tenemos es la suya, la del hombre que persigue.

Se parece al narrador de los cuentos de detectives, que cuenta dos cosas: la investigación y el suceso que se investiga. Aquí la investigación está entera, con un sospechoso, unos indicios y un seguimiento. El suceso no aparece nunca.

Por qué Poe elige este narrador.

  1. Para que el viejo no se pueda leer. Un narrador que lo supiera todo nos diría el motivo del viejo, y no habría cuento.
  2. Para que veamos lo que le ocurre al que mira. Eso solo se ve desde dentro de su cabeza.
  3. Para meter al lector en la misma situación. Sabemos solo lo que sabe él y tenemos que decidir si creemos su explicación.

El motor del cuento: entretenimiento, necesidad, obsesión. El cuento avanza porque el narrador cambia.

PasoDónde ocurreQué haceQué lo mueve
EntretenimientoEn el café, tras el ventanalMira y clasifica a la gente que pasaPasar la tarde: «I had been amusing myself», «me había estado entreteniendo»
NecesidadAl ver la cara del viejoSale a la calle detrás de élSaber: «a craving desire to keep the man in view — to know more of him», «un deseo ardiente de no perder de vista a aquel hombre, de saber más de él»
ObsesiónUna noche y un día por LondresLo sigue hasta agotarseNo poder dejarlo: «an interest all-absorbing», «un interés que lo absorbía todo»

Cuanto más se acerca, menos entiende. Desde el café creía leer a todos. Pegado al viejo, a la salida del teatro, reconoce que no comprende lo que hace.

La obsesión no termina cuando encuentra una respuesta, sino cuando se agota. Al segundo anochecer queda «wearied unto death», «cansado hasta la muerte», y es entonces cuando inventa la explicación.

Tres partes de peso muy distinto. Primero, unas líneas sobre los secretos que no se dejan contar. Después, el café, que ocupa casi la mitad del cuento. Por último, la persecución, que ocupa algo más de la mitad.

El viejo aparece cuando ya ha pasado casi la mitad del cuento. Solo la clasificación de la multitud ocupa casi un tercio. Es un arranque lento, y es a propósito: el lector tiene que creer, como el narrador, que todas las caras se pueden leer.

El efecto, decidido desde la primera frase. Poe dejó escrita su idea del cuento en 1842, en una reseña de los cuentos de Hawthorne: un cuento busca producir un solo efecto en el lector, y todo en él se decide para lograrlo. Lo dice así: «If his very initial sentence tend not to the outbringing of this effect, then he has failed in his first step», «si su primera frase no contribuye a producir ese efecto, ha fallado en el primer paso». Este relato ya lo cumple dos años antes: la primera frase habla de un libro que no se deja leer, y la última dice lo mismo del corazón de un hombre.

Tres velocidades. La clasificación de la multitud detiene la historia. La noche se cuenta casi hora a hora, y un reloj lo marca: «A loud-toned clock struck eleven» (en el bazar), «un reloj de sonora campana dio las once». El día siguiente entero cabe en media línea: «during the day did not pass from out the turmoil of that street» (al final), «en todo el día no salió del tumulto de aquella calle».

La noche se cuenta despacio porque en ella la gente se va y el viejo sufre. El día se cuenta deprisa porque la calle está llena y el viejo está tranquilo.

La repetición. Del viejo solo se llega a saber que hace siempre lo mismo, y el texto lo cuenta cada vez con las mismas palabras: «to and fro», «de un lado a otro», en el bazar y en la calle del final; y «without apparent aim», «without aim» y «without apparent object», «sin rumbo aparente», «sin rumbo» y «sin objeto aparente».

Un recorrido en círculo. La persecución empieza y termina en la misma calle, la del café, y dura de un anochecer al siguiente.

Ilustración: un reloj público marca las once de la noche sobre una calle que se vacía bajo la lluvia.
Ilustración: el público sale en masa de un teatro; un viejo con capa se abre paso entre la gente.

Claves de la lectura

Separar lo que el narrador ve de lo que el narrador concluye. En lo que ve es minucioso, y avisa cuando duda: al entrever un diamante y un puñal bajo la capa del viejo dice «my vision deceived me, or» (al empezar a seguirlo), «o me engañó la vista». En lo que concluye no es de fiar: llama criminal al viejo sin haberle visto hacer nada.

Mirar lo que le ocurre al viejo cuando la gente se va. El lector puede descubrir cómo funciona el viejo antes que el narrador. En la plaza llena, «The old manner of the stranger reappeared», «reapareció la manera de antes del desconocido». En la avenida casi vacía, palidece.

Recordar que el narrador no está en un estado normal. Sale de meses de enfermedad, y bajo la lluvia sigue con «the lurking of an old fever in my system» (en la gran avenida), «una fiebre antigua que seguía al acecho en mi cuerpo».

Seguir cómo cambia el narrador. Empieza por entretenerse, pasa a necesitar saber y acaba sin poder dejarlo.

Lecturas que no compartimos, y por qué.

  • «El viejo es un criminal.» Lo dice el narrador y no lo prueba. Nadie ve al viejo cometer un crimen en todo el cuento.
  • «El viejo huye de sí mismo, de su culpa o de su vacío.» Puede ser, pero el cuento no lo muestra. Del viejo solo vemos lo que hace: busca la multitud, que le permite ser anónimo rodeado de gente.
  • «El viejo es una alucinación del narrador.» No. En el bazar un tendero lo empuja, y en la plaza está a punto de descubrir a quien lo sigue. Existe fuera del narrador.
  • «Es un cuento de detectives.» Se parece, porque hay un sospechoso, unos indicios y un seguimiento. Pero falta lo principal: no hay crimen. Por eso el narrador se lo inventa.

Un pasaje que hay que leer con su época. En la clasificación de la multitud, el narrador describe a unos vendedores ambulantes por su religión y con un rasgo físico: «Jew pedlars, with hawk eyes», «buhoneros judíos, con ojos de halcón». Hoy la frase choca. El narrador de 1840 describe así, por su aspecto, a todos los que pasan ante el café.

Símbolos y motivos

Ilustración: por un roto en una capa oscura y abotonada asoman un diamante suelto y un puñal de hoja de acero con mango de madera, sobre ropa blanca fina.

El ventanal. Separa al que mira de la gente a la que mira. El narrador lo toca con la frente justo antes de ver al viejo: «With my brow to the glass, I was thus occupied in scrutinizing the mob», «con la frente pegada al cristal, me ocupaba así en escudriñar a la multitud». Mientras está detrás del cristal, mira a la gente de lejos y la clasifica con calma. Cuando sale a la calle va pegado a un solo hombre, y deja de entender.

La luz de gas. Ilumina las caras y no las explica. En el café, las farolas se imponen a la luz del día: «All was dark yet splendid», «todo era oscuro y a la vez espléndido». Pasadas las once de la noche, la avenida sigue «still brilliant with gas», «todavía brillante de gas», y está casi vacía.

El diamante y el puñal. El narrador cree verlos una sola vez, bajo la capa del viejo, y él mismo duda de haberlos visto. El diamante hace pensar en un hombre que fue rico; el puñal, en un criminal. El cuento no vuelve a nombrarlos, y el narrador se queda con el puñal.

La ropa blanca. «his linen, although dirty, was of beautiful texture» (al empezar a seguirlo), «su ropa blanca, aunque sucia, era de hermosa textura». Hace pensar que el viejo tuvo dinero y lo perdió. El cuento no lo confirma.

El libro que no se deja leer. Abre y cierra el cuento. En la primera frase es un libro alemán; en la última, el corazón de un hombre.

Las puertas que se cierran. El cierre del bazar a las once, las puertas del teatro, las de la taberna al amanecer. El cierre del bazar y el de la taberna devuelven al viejo a la calle, a buscar otra multitud. El del teatro le da lo contrario: el público que sale es la multitud que busca.

Literatura comparada

Con Hoffmann: dos cuentos de terror de las cosas cotidianas. El hombre de arena (1816), de E. T. A. Hoffmann, y The Man of the Crowd dan miedo sin salir de la vida corriente: una casa de familia y un vendedor de barómetros en Hoffmann; una calle llena en Poe.

En qué se parecen:

  • En los dos, un hombre mira a otro a través de un cristal y ya no puede dejar de mirar. Nataniel mira a Olimpia con unos prismáticos. El narrador de Poe mira al viejo desde el ventanal.
  • En los dos, el que mira pone en el otro algo que el otro no tiene. Nataniel ve una mujer viva donde hay una muñeca. El narrador de Poe ve un criminal donde solo hay un viejo que no puede estar solo.
  • Los dos dejan a un hombre sin explicar: Coppelius en Hoffmann, el viejo en Poe.
  • En los dos, lo que da miedo no es ese hombre sin explicar, sino lo que le ocurre al que mira.

En qué se separan:

  • Nataniel se cree su explicación, y eso lo destruye. El narrador de Poe deja de perseguir y da la suya sabiendo que puede ser mentira.
  • El miedo de Nataniel nace en su casa, de niño. La soledad del viejo y la obsesión del narrador nacen en la calle, entre desconocidos.
  • Hoffmann deja la duda de si el diablo existe. En Poe no hay nada sobrenatural de lo que dudar.
  • En Hoffmann, Clara dice la idea del cuento en voz alta: «Mientras tú creas en él, existirá; su poder está en tu credulidad». En Poe nadie la dice: los dos hombres no cruzan una palabra.

Gente invisible. Will Eisner tituló Invisible People (1992) una novela gráfica sobre los habitantes anónimos de la gran ciudad. Ese título dice lo mismo que el cuento de Poe, siglo y medio después: en la multitud, las personas se vuelven invisibles. En «Sanctum», una de las historias de ese libro, un hombre gris y solitario lee en el periódico su propia esquela y, a partir de ese error, la ciudad lo trata como si ya no existiera. No hay nada sobrenatural: el miedo sale de un error en un periódico. Es el terror de las cosas cotidianas, y trata de lo mismo que el cuento de Poe: dejar de existir para los demás.

Otro texto de Hoffmann. Walter Benjamin comparó el relato de Poe con La ventana esquinera del primo (1822), de Hoffmann, en el que un hombre mira un mercado desde su ventana, y marcó la diferencia: el narrador de Poe mira la calle desde la ventana de un café público, mientras que el primo de Hoffmann está sentado en su casa. El de Poe acaba saliendo a la calle. Benjamin no dice que Poe conociera ese texto.

Dickens. El editor de las obras de Poe, T. O. Mabbott, escribe que el cuento está «in the manner of the early Sketches by Boz», a la manera de las primeras estampas de Londres de Dickens, y que es una especie de respuesta a un pasaje de «The Drunkard's Death». De ahí viene la calle vista por clases.

El paso siguiente del propio Poe. «The Murders in the Rue Morgue» (1841) usa el mismo método de observar, clasificar y deducir, ahora con un crimen y con una solución. Leído después de este cuento, se ve lo que a este le falta a propósito: el crimen y la solución.

Lo que el cuento dejó detrás. Baudelaire abrió con él su ensayo Le Peintre de la vie moderne (1863): «Derrière la vitre d'un café, un convalescent, contemplant la foule avec jouissance», «tras el cristal de un café, un convaleciente que contempla la multitud con deleite». En español, Horacio Quiroga puso a Poe el primero de los maestros de su «Decálogo del perfecto cuentista» (1927), y Julio Cortázar tradujo sus cuentos.

Ilustración: un hombre mayor, sentado en un sillón, mira un mercado desde la ventana de su casa.

Recepción y legado

Grabado en blanco y negro: un anciano con capa larga y bastón bajo una farola.
Harry Clarke, ilustración para «The Man of the Crowd», 1923 (detalle). Dominio público

La fama del cuento se debe sobre todo a los lectores europeos. Baudelaire, que tradujo a Poe al francés, vio en el convaleciente del café el retrato del artista moderno. Walter Benjamin lo convirtió, en los años treinta del siglo XX, en pieza central de sus ideas sobre la multitud.

En 1923 Harry Clarke le dedicó una lámina en una edición ilustrada de los cuentos, y en 2020 Scott Peeples tituló The Man of the Crowd un libro sobre Poe y las ciudades donde vivió.

En español circula desde 1956 en la traducción de Julio Cortázar. Para el gran público, Poe es el de los cuentos de terror y los de Dupin, y este queda en segundo plano.

También es un cuento de terror, y su idea es universal y sigue vigente: se puede vivir rodeado de gente y estar solo.

Citas emblemáticas

«It was well said of a certain German book that “er lasst sich nicht lesen” — it does not permit itself to be read.»

Primera frase

«Bien se dijo de cierto libro alemán que “er lasst sich nicht lesen”: no se deja leer.»

«as if feeling in solitude on account of the very denseness of the company around.»

En el café · la gente que pasa

«como si se sintieran solos por lo apretada que es la compañía que los rodea.»

«I could frequently read, even in that brief interval of a glance, the history of long years.»

En el café · lo que el narrador cree que puede hacer

«A menudo podía leer, aun en el breve intervalo de una ojeada, la historia de largos años.»

«“How wild a history,” I said to myself, “is written within that bosom!”»

Aparece el viejo

«“¡Qué historia tan extraña”, me dije, “está escrita en ese pecho!”»

«Then came a craving desire to keep the man in view — to know more of him.»

Aparece el viejo · el narrador sale del café

«Entonces me vino un deseo ardiente de no perder de vista a aquel hombre, de saber más de él.»

«The stranger grew pale.»

La avenida del principio, casi vacía

«El desconocido palideció.»

«He noticed me not, but resumed his solemn walk, while I, ceasing to follow, remained absorbed in contemplation.»

El segundo anochecer

«No reparó en mí, sino que reanudó su paseo solemne, mientras yo, dejando de seguirlo, me quedaba absorto en la contemplación.»

«He refuses to be alone. He is the man of the crowd.»

Lo que el narrador dice del viejo, al final

«Se niega a estar solo. Es el hombre de la multitud.»

Temas de debate y preguntas clave

Mientras lees (sin destripar el final)

  1. ¿En qué estado está el narrador cuando se sienta en el café, y cómo influye en lo que ve?
  2. Apunta los tipos de gente que distingue desde el ventanal. ¿Por qué detalles los reconoce?
  3. ¿Qué ve el narrador en la cara del viejo que no ha visto en nadie más?
  4. Fíjate en lo que le ocurre al viejo cada vez que la gente se dispersa. ¿Cuándo empezaste a entenderlo?

Comprender

  1. ¿Por qué lugares pasa la persecución, en qué orden, y cuánta gente hay en cada uno?
  2. ¿Qué cree ver el narrador bajo la capa del viejo, y qué dice él mismo sobre si lo vio de verdad?
  3. ¿Cómo termina la persecución, y qué hace el viejo cuando el narrador se le pone delante?

Interpretar

  1. ¿Quién es el protagonista del cuento, el viejo o el narrador?
  2. ¿En qué momento deja el narrador de entretenerse y empieza a necesitar saber? ¿Y cuándo ya no puede dejarlo?
  3. De las tres soledades, la física, la social y la existencial, ¿cuáles sufre el viejo y cuáles el narrador?
  4. La frase alemana abre y cierra el cuento. ¿Dice lo mismo al principio y al final?

Juzgar

  1. ¿Es justo llamar al viejo «the type and the genius of deep crime», el tipo y el genio del crimen profundo? ¿Qué pruebas tiene el narrador?
  2. ¿Sobra la larga clasificación de la multitud, o sin ella no funcionaría el final?
  3. ¿Da miedo este cuento? Si lo da, ¿de dónde sale el miedo?

Relacionar

  1. Leído junto a El hombre de arena, de Hoffmann, ¿qué tienen en común los dos cuentos y en qué se separan?
  2. ¿Quiénes son hoy la gente invisible de una gran ciudad?

Para cerrar la reunión

  1. Cuando no conseguimos entender a alguien, ¿qué explicación nos inventamos para quedarnos tranquilos?
  2. Estar entre gente, ¿es lo mismo que no estar solo?
Ilustración: una calle de Londres hacia 1840, de noche y bajo la lluvia, con farolas de gas y paraguas.