Guía de lectura
Дама с собачкой (La dama del perrito)
Ficha técnica
| Campo | Dato |
|---|---|
| Título original | Дама с собачкой (La dama del perrito) |
| Autor | Antón Pávlovich Chéjov (Taganrog, 1860 – Badenweiler, Alemania, 1904) |
| Publicación | 1899, en la revista Русская мысль («El Pensamiento Ruso»), número XII |
| País e idioma | Imperio ruso · ruso |
| Género | Cuento |
| Corriente | Relato de epifanía (el momento en que alguien ve de golpe la verdad de su vida), dentro de la familia del relato abierto (el que se corta antes de resolver la situación que ha creado) |
| Extensión | 5.111 palabras |
| Estructura | Cuatro partes numeradas, en orden cronológico |
| Punto de vista | Tercera persona; el narrador acompaña casi siempre la conciencia de Gúrov |
| Ambientación | Yalta y Oreanda, en Crimea; Moscú; la ciudad de provincias S. |
Tema central: el amor y la mentira: un amor verdadero que solo puede vivirse escondido.
Personajes clave
| Personaje | Quién es |
|---|---|
| Dmitri Dmítrich Gúrov | Moscovita de menos de cuarenta años, filólogo de formación, empleado de banco. Casado desde estudiante, tiene una hija de doce años y dos hijos en el instituto. Engaña a su mujer desde hace tiempo y llama a las mujeres «raza inferior», aunque no sabe vivir sin ellas. |
| Anna Serguéievna | La «dama del perrito». Se crio en San Petersburgo, se casó a los veinte años y vive desde hace dos en la ciudad de S. Llega sola a Yalta y, desde la primera noche, se acusa de haberse engañado a sí misma. |
| La mujer de Gúrov | Alta, de cejas oscuras, seria; se llama a sí misma «una mujer que piensa». Lo llama Dimitri, y no Dmitri. Gúrov la teme y la engaña. Es la única que parece notar algo cuando él habla del amor en Moscú. |
| El marido de Anna | Funcionario en S. En el teatro, Gúrov ve junto a Anna a un joven alto y encorvado, con patillas, y supone que es él. Anna lo llama «lacayo» en Yalta, aunque admite que quizá sea un hombre honrado y bueno. De él se dice que la cree y no la cree. |
| La hija de Gúrov | Tiene doce años. Su padre la acompaña al instituto camino de una cita con Anna. |
| El compañero de cartas | Funcionario con el que Gúrov juega en el club de médicos. Cuando Gúrov le dice que conoció en Yalta a una mujer encantadora, el otro sube al trineo y se vuelve para gritarle que el esturión estaba pasado. Esa respuesta le revela a Gúrov la vulgaridad de su vida. |
| El perro | Un spitz blanco: lo que da nombre a Anna en Yalta y el pretexto con que Gúrov empieza a hablarle. |
El secreto que protege y encierra
En La dama del perrito el secreto está en todas las partes, pero no hace siempre lo mismo. Al principio protege una aventura; al final protege lo más verdadero que los dos tienen, y por eso mismo los encierra.
| Momento | Qué protege el secreto | Qué encierra |
|---|---|---|
| Yalta (I y II) | Una aventura de veraneo: el primer beso, y Gúrov mira enseguida alrededor por si alguien los ha visto | Anna vive la primera noche como una caída y le dice que él será el primero en no respetarla |
| Moscú (III) | La vida de siempre: el banco, el club, la familia | Un recuerdo que crece y del que no puede hablar con nadie |
| S. y el teatro (III) | El matrimonio de Anna: él ronda la casa sin atreverse a entrar | Él la besa en una escalera, contra el terror de ella, mientras dos colegiales fuman más arriba; ella le pide que se vaya y le promete ir a Moscú |
| Las visitas (IV) | Una relación que nadie en Moscú conoce, con citas en un hotel | Anna llora porque se ven «como ladrones» |
| La deliberación final (IV) | Lo que los dos han comprendido | La necesidad de «esconderse, engañar», que ahora sienten como «ataduras insoportables» |
En la parte IV Gúrov formula una teoría: tiene dos vidas, una visible, hecha de verdades y mentiras convencionales, y otra secreta, donde está todo lo que de verdad le importa. Y supone siempre que cada persona vive su vida verdadera bajo el velo del secreto.
El relato no hace suya esa teoría. Se la atribuye a él: «juzgaba a los demás por sí mismo». Y la pone a prueba enseguida, en el hotel donde Anna lo espera. Lo que Gúrov defiende como lo más valioso es, para Anna, la vergüenza de esconderse.
Su respuesta a ese llanto todavía es la de antes. Piensa «que llore un rato; yo, mientras, me siento» y pide té, como en Yalta había comido sandía en silencio. Y piensa que ese amor no acabará pronto, aunque da por hecho que alguna vez tendrá que acabar.
Entonces la toma por los hombros y se ve en el espejo: la cabeza empieza a encanecer. Siente compasión por la vida de ella, todavía cálida y hermosa, que probablemente empezará pronto a marchitarse como la suya. Y comprende que ninguna mujer fue feliz con él y que solo ahora, ya canoso, ama de verdad por primera vez.
Enseguida el relato habla de los dos. Afirma que se querían «como marido y mujer, como amigos tiernos». Dice que sentían que ese amor los había cambiado. Y los compara con dos aves de paso a las que han cazado y obligado a vivir en jaulas separadas.
El gesto de Gúrov también cambia. Antes del espejo le dice «¡Bueno, basta!»; después, «Basta, cariño… Ahora vamos a hablar, a pensar algo». Por primera vez deliberan juntos cómo dejar de esconderse, y él solo sabe repetir «¿Cómo? ¿Cómo?».
La última frase separa lo que parece de lo que está claro. Parecía que con un poco más se encontraría la solución y empezaría una vida nueva y hermosa. Para los dos estaba claro que el final quedaba todavía muy lejos y que lo más complicado y difícil no hacía más que empezar.
La obra
Un hombre acostumbrado a las aventuras conoce en Yalta a una joven casada y, cuando ella se marcha, la despide convencido de que todo ha terminado. De vuelta en Moscú, el recuerdo no lo suelta: pasado más de un mes, «en su memoria todo seguía nítido, como si se hubiera separado de Anna Serguéievna el día anterior». La busca en S., la ciudad de provincias donde ella vive, y desde entonces se ven a escondidas.
El cuento sigue esa relación durante meses y cuenta un cambio. Gúrov empieza clasificando a las mujeres y a sus aventuras. Termina reconociendo a Anna como una persona cuya vida está unida a la suya.
Ese cambio es real: lo prueban el recuerdo que no se apaga, el viaje a S., el encuentro arriesgado en el teatro de esa ciudad y las visitas. Pero no resuelve la contradicción de sostener una relación verdadera mediante el engaño, y el final deja abierta la tarea de convertir lo que los dos han comprendido en una vida que puedan compartir sin esconderse.
El autor
Antón Chéjov nació en Taganrog, un puerto del sur de Rusia, en 1860. Estudió medicina en la Universidad de Moscú y la ejerció mientras escribía cuentos.
También escribió teatro: el Teatro de Arte de Moscú representó La gaviota en 1898 y estrenó Las tres hermanas en 1901. Enfermo de tuberculosis, murió en 1904 en el balneario alemán de Badenweiler.
La dama del perrito es un cuento de su madurez. Lo publicó en diciembre de 1899, cinco años antes de morir.
Contexto literario y cultural
Yalta, en Crimea, era a finales del siglo XIX un lugar de veraneo de la gente acomodada. El cuento la retrata en el muelle, donde saltaban a la vista «dos particularidades de la elegante multitud de Yalta: las señoras mayores iban vestidas como jóvenes y había muchos generales». Allí se va a descansar y a mirar caras nuevas.
En las grandes novelas del siglo XIX sobre el adulterio, como Madame Bovary o Anna Karénina, la historia termina en castigo. Chéjov lo cuenta sin castigo y sin sentencia: el narrador no condena a los amantes ni los absuelve.
El relato tampoco borra a quienes quedan fuera de la relación: la mujer de Gúrov, su hija y el marido de Anna siguen presentes, aunque sea al margen.
Temas clave
El amor. Para Gúrov, Anna deja de ser una aventura que se puede sustituir por otra y pasa a ser la persona más cercana, más querida y más importante del mundo. Ante el espejo se convierte en el primer amor verdadero de un hombre ya canoso. El cuento lo prueba con hechos, no solo con declaraciones: el recuerdo que dura, la búsqueda y las visitas.
La mentira. Es el hilo que une todas las partes. Anna dice que no ha engañado a su marido, sino a sí misma. Gúrov reconoce en la estación que la engañaba sin querer, porque ella lo veía distinto de lo que era. Y al final los dos quieren librarse de la necesidad de esconderse y engañar.
La vulgaridad. En Yalta, Anna se acusa de haberse convertido en una mujer «vulgar». En Moscú, Gúrov descubre la vulgaridad en su propio mundo: el juego, las comilonas, las conversaciones de siempre, «una vida recortada, sin alas». Esa indignación es suya; el relato la recoge con sus palabras, sin convertirla en un juicio sobre todos.
El tiempo. Actúa de dos maneras. La duración desmiente el olvido que Gúrov daba por seguro. Y el envejecimiento, en el espejo, hace visible que la vida de Anna, como la de Gúrov, empezará pronto a marchitarse.
El matrimonio y los que quedan fuera. Ninguno de los dos es feliz en su matrimonio: Gúrov teme a su mujer y la engaña; Anna se casó a los veinte años por curiosidad de otra vida. Al final no entienden para qué está casado cada uno. La mujer de Gúrov, sus hijos y el marido de Anna no entran en la deliberación final, en la que los dos buscan cómo dejar de esconderse.
Construcción de la obra
Cuatro partes. Cada una pone a los dos ante una situación distinta. La I es el encuentro en Yalta y la expectativa de una aventura más. La II es la relación, el amanecer en Oreanda y la despedida en la estación, que Gúrov da por un final. La III es Moscú, el recuerdo que no se apaga, el viaje a S. y el reencuentro en el teatro. La IV son las visitas a escondidas y una mañana en el hotel.
El tiempo que no se cuenta. El orden es cronológico, pero el relato salta semanas y meses sin contarlos. Una semana separa las partes I y II; los meses de Moscú caben en unos párrafos; de las visitas de la parte IV, que Anna hace «una vez cada dos o tres meses», el cuento destaca una sola mañana. Esos saltos permiten probar la duración sin contar cada encuentro.
Un narrador pegado a Gúrov. El narrador no participa en la historia, pero cuenta casi siempre desde la conciencia de Gúrov y a menudo con sus palabras, sin «pensó» ni «se dijo». Es lo que se llama estilo indirecto libre: la indignación contra Moscú o la teoría de las dos vidas son de él, aunque las diga la voz del relato.
Esa cercanía tiene excepciones. El narrador sabe que el marido de Anna «la creía y no la creía», explica por qué llora ella en el hotel y, al final, habla de los dos a la vez.
Dos reconocimientos. En el teatro Gúrov comprende que nadie le importa más que Anna. Ante el espejo comprende que la quiere por primera vez. Los dos llegan de golpe, pero los prepara la duración.
Parecer y afirmar. El verbo «parecer» recorre el cuento: ella ve a Gúrov distinto de lo que es, y en el recuerdo los dos parecen mejores de lo que eran.
En los últimos párrafos el relato dice tres cosas de distinta manera. Afirma, como un hecho, que se querían. Cuenta lo que los dos sentían: que ese amor los había cambiado. Y presenta otras dos cosas como apariencia: «les parecía» que el destino los había hecho el uno para el otro, y «parecía» que la solución estaba cerca. Lo único que el relato da por claro para los dos es la dificultad.
Claves de la lectura
Fíjese en los objetos. Chéjov dice lo importante con cosas pequeñas. La sandía que Gúrov come en silencio después de que Anna le diga que ya no la respetará. El tintero gris de polvo con un jinete sin cabeza en el hotel de S. El té que pide mientras ella llora.
Siga la palabra «final». En la estación, Gúrov cree que todo ha terminado. En el teatro piensa: «¡Pero qué lejos estaba aún el final!». En el hotel da por hecho que su amor acabará algún día, aunque no pronto. La última frase dice que el final estaba todavía muy lejos.
Distinga lo que piensa Gúrov de lo que cuenta el relato. Gúrov ve al marido de Anna a través de la palabra que ella usó, «lacayo». Imagina que Anna lo ha olvidado, y ella le dirá lo contrario.
Mire a los que quedan fuera. La mujer de Gúrov es la única que le dice algo cuando él habla vagamente del amor: «No te sienta nada bien, Dimitri, el papel de fatuo». Gúrov acompaña a su hija al instituto camino de la cita. El marido «la creía y no la creía».
Lea la última frase despacio. Fíjese en la diferencia entre lo que «parecía» y lo que estaba «claro».
Símbolos y motivos
El gris. Recorre la ciudad de S.: el paño gris del suelo del hotel, el tintero gris de polvo, la valla gris con clavos frente a la casa de Anna, la manta gris como de hospital. Allí es encierro y monotonía. Pero también son grises los ojos de Anna que Gúrov recuerda hermosos, el vestido que a él le gusta y su propia cabeza ante el espejo. El gris une lugares y personas; no tiene un solo valor.
El perro. El spitz blanco aparece en las dos ciudades. En Yalta es el pretexto para hablar con Anna. En S. sale de la casa del marido detrás de una anciana, y Gúrov, con el corazón desbocado, no consigue recordar cómo se llama el perro.
Los impertinentes (anteojos con mango). Anna pierde los suyos entre la gente del muelle de Yalta. En el teatro de S. lleva en la mano unos impertinentes «vulgares», sin que el relato aclare si son los que perdió; y esa mujer, que no tiene nada de particular, llena ahora toda la vida de Gúrov.
El mar de Oreanda. Al amanecer, sentados ante el mar, oyen un rumor que sonaba igual antes de que hubiera Yalta y seguirá sonando, indiferente, cuando ya no estemos. Gúrov piensa entonces que todo es hermoso en este mundo salvo lo que hacemos cuando olvidamos nuestra dignidad.
El espejo. En el hotel de Moscú, al ir a abrazar a Anna, Gúrov ve en el espejo una cabeza que empieza a encanecer. Esa imagen convierte en compasión la lástima que Gúrov sintió la noche en que la conoció, cuando pensó: «Algo lastimoso tiene, con todo».
Las aves en jaulas. Resume cómo viven los dos sus matrimonios: unidos el uno al otro, pero cada uno encerrado en su jaula.
Literatura comparada
Madame Bovary, de Gustave Flaubert (1857), y Anna Karénina, de León Tolstói (1878). Las dos novelas cuentan un adulterio y terminan en la muerte de su protagonista. La dama del perrito, que también tiene una Anna casada, se detiene antes de cualquier castigo y no juzga a los amantes.
Los muertos, de James Joyce (1914). El cuento que cierra Dublineses también termina con una revelación interior que no cambia los hechos: Gabriel comprende de pronto la vida de su mujer. El parecido vale para el espejo de Gúrov, que cambia lo que él comprende y su manera de tratar a Anna, pero no la situación de los dos. No vale para el reconocimiento del teatro, porque de él nacen las visitas a Moscú.
El fin de algo, de Ernest Hemingway (1925). También termina sin que el narrador juzgue a la pareja, como La dama del perrito.
El estudiante, del propio Chéjov (1894). Un cuento en el que no cambia ninguna circunstancia y cambia lo que el personaje comprende, como le ocurre a Gúrov ante el espejo. Leídos juntos, muestran dos maneras de llegar a esa comprensión: allí una historia contada junto a una hoguera, aquí la duración de un amor.
Recepción y legado
Dos grandes escritores lo leyeron en enero de 1900 y lo juzgaron de maneras opuestas. León Tolstói anotó en su diario, el 16 de enero de 1900, que lo había leído, y lo censuró: sus personajes no distinguían entre el bien y el mal.
Maksim Gorki le escribió a Chéjov ese mismo mes con un juicio opuesto. Le dijo que nadie sabía escribir con tanta sencillez sobre cosas tan sencillas, y que después de un cuento suyo todo lo demás parecía tosco.
En esa carta está la frase «¿Sabe lo que está haciendo? Está matando el realismo». No es una condena: en la misma carta añade que nadie puede ir más lejos que Chéjov por ese camino.
El cuento quedó como modelo del final abierto: se acaba mientras los personajes siguen viviendo. Vladimir Nabokov lo contó entre los cuentos más grandes de la literatura universal, y Raymond Carver dedicó a la muerte de Chéjov su cuento «Errand» (1987).
Citas emblemáticas
«Гуров отрезал себе ломоть и стал есть не спеша. Прошло по крайней мере полчаса в молчании.»
«Gúrov se cortó una tajada y se puso a comer sin prisa. Pasó por lo menos media hora en silencio.»
Parte II
«Я не мужа обманула, а самое себя. И не сейчас только, а уже давно обманываю.»
«No he engañado a mi marido, sino a mí misma. Y no solo ahora: hace mucho que me engaño.»
Parte II
«Но прошло больше месяца, наступила глубокая зима, а в памяти всё было ясно, точно расстался он с Анной Сергеевной только вчера.»
«Pero pasó más de un mes, llegó el pleno invierno, y en su memoria todo seguía nítido, como si se hubiera separado de Anna Serguéievna el día anterior.»
Parte III
«и он понял ясно, что для него теперь на всем свете нет ближе, дороже и важнее человека»
«y comprendió con claridad que ahora no había en el mundo entero una persona más cercana, más querida ni más importante para él»
Parte III
«И по себе он судил о других, не верил тому, что видел, и всегда предполагал, что у каждого человека под покровом тайны, как под покровом ночи, проходит его настоящая, самая интересная жизнь.»
«Y juzgaba a los demás por sí mismo, no creía lo que veía y siempre suponía que cada persona vive bajo el velo del secreto, como bajo el velo de la noche, su vida verdadera, la más interesante.»
Parte IV
«И только теперь, когда у него голова стала седой, он полюбил как следует, по-настоящему — первый раз в жизни.»
«Y solo ahora, cuando tenía ya la cabeza gris, se había enamorado como es debido, de verdad, por primera vez en su vida.»
Parte IV
«Как освободиться от этих невыносимых пут?»
«¿Cómo liberarse de estas ataduras insoportables?»
Parte IV
«И казалось, что еще немного — и решение будет найдено, и тогда начнется новая, прекрасная жизнь; и обоим было ясно, что до конца еще далеко-далеко и что самое сложное и трудное только еще начинается.»
«Y parecía que un poco más y la solución se encontraría, y entonces empezaría una vida nueva, hermosa; y para los dos estaba claro que el final estaba todavía lejos, muy lejos, y que lo más complicado y difícil no hacía más que empezar.»
Parte IV
Temas de debate y preguntas clave
- ¿Qué espera Gúrov de Anna cuando la conoce en Yalta, y por qué cree en la estación que todo ha terminado?
- ¿Por qué viaja Gúrov a la ciudad de S., si él mismo no sabía bien para qué?
- ¿Qué se dicen los dos en la escalera del teatro, y qué cambia ese encuentro?
- En Yalta, después de que Anna le diga «Ahora usted será el primero en no respetarme», Gúrov come sandía media hora en silencio; en Moscú toma té mientras ella llora. ¿Qué tienen en común las dos escenas, y qué ocurre después de cada una?
- ¿Qué ve Gúrov en el espejo del hotel, y qué pensaba justo antes de verse?
- ¿Qué quiere decir Anna cuando afirma que no ha engañado a su marido, sino a sí misma?
- La teoría de las dos vidas es de Gúrov: «juzgaba a los demás por sí mismo». ¿Lo verdadero de una vida ocurre siempre en secreto, o el cuento muestra lo que ese secreto cuesta?
- Casi todo lo vemos desde la conciencia de Gúrov. ¿Podemos fiarnos de lo que dice de su mujer y del marido de Anna?
- ¿Qué valor tiene el gris: el de la valla de S., el de los ojos de Anna, el del vestido que a él le gusta, el de su cabeza canosa?
- ¿Ha cambiado Gúrov al final? ¿Qué pasajes permiten decirlo, y cuáles lo ponen en duda?
- Al final los dos quieren dejar de esconderse. ¿A quién alcanza ese cambio: a ellos dos, o también a la mujer de Gúrov, a sus hijos y al marido de Anna?
- La última frase dice que la solución «parecía» cerca y que estaba «claro» que lo difícil empezaba. ¿Es un final con esperanza, una clandestinidad que podría durar siempre, o las dos cosas a la vez?
- Tolstói censuró el cuento porque sus personajes no distinguían el bien del mal; Gorki lo elogió por su sencillez. ¿Juzga el cuento a los amantes? ¿Hace falta que lo haga?
- Hoy, en un mundo con otras costumbres, ¿sigue siendo verdad que hay amores que solo pueden vivirse escondidos?